
Asumí el reto de postularme para ocupar una posición como representante de mi pueblo. No es un desafío menor.
Son muchas las raíces por donde se nutre el frondoso árbol de la patria. Ese macizo debe crecer vigoroso. A nosotros, como avizores de la buena tierra, nos corresponde abonar la heredad en que tiene que crecer.
En Costa Rica debemos celebrar, un día sí y otro también, que disfrutamos de la alegría de los niños y las niñas porque crecen a nuestro abrigo. Otros pueblos sufren la tragedia, de que su población infantil, muere en guerras que no les pertenecen. Son personas manipuladas o explotadas en compromisos lejanos a su condición de infantes.
Es cierto. Los costarricenses, en cierta forma, somos un pueblo privilegiado. Existen condiciones y legislación que protege a los menores de edad. Los derechos humanos forman parte de una robusta legislación nacional e internacional que reconocemos como parte integral del sistema jurídico.
Pero, no podemos cerrar los ojos ante los cambios que están ocurriendo en detrimento de nuestros herederos. La explotación sexual y el trasiego de drogas son una realidad en el país. Muchas veces las autoridades pretender decir que no existe esa situación, pero sabemos que es cierta.
Las secuelas negativas de la pandemia en materia de educación son evidentes. Los escolares están sufriendo menoscabo en su preparación y, siguen un camino cargado de inseguridad. No hay clases presenciales y las virtuales son excluyentes por condición económica y, también por falta de acceso al internet y a la tecnología. La niñez costarricense merece un futuro digno y próspero.
Llegó la hora para que las autoridades de salud abran los parques para que nuestros niños y niñas puedan ejercitarse, socializar y cultivar sus sueños. Es el momento de elevar, nuevamente, la esperanza como alimento para el alma de nuestras hijas y nietas. Eso no requiere de leyes ni acuerdos. Solamente se necesita que las personas que gobiernan abran el corazón. Es un deber moral.
La salud mental de los niños está en juego. Aún no se pueden determinar las consecuencias, pero no es difícil predecir ¿qué ocurre? cuando a un ser humano se le corta la libertad. Son muchas las derivaciones del encierro que podemos visionar. Ninguno de los resultados parece lograr una nota sobresaliente.
Este día del niño puede ser de celebración si lo convertimos en una jornada de reflexión sobre el futuro.
Llamo a la administración Alvarado Quesada para que prometa a la niñez que, en los meses que quedan de gobierno, la esperanza de los niños y las niñas sea un propósito honesto, para la toma de sus últimas decisiones.
Desde un nuevo gobierno, inspirado por el liderazgo de Rolando Araya Monge y el partido Costa Rica Justa, vamos a tomar decisiones. Les aseguro que esas disposiciones estarán en armonía con el corazón de la niñez costarricense.
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