No soy fan de Carlos Alvarado, pero esta vez tuvo razón

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

No soy seguidor de Carlos Alvarado Quesada, ni defensor de su gestión como presidente. Como muchos costarricenses, reconozco que su gobierno tuvo errores, decisiones cuestionables y consecuencias que todavía pesan. Sin embargo, eso no me impide decirlo con claridad: su reciente video dirigido al presidente Rodrigo Chaves fue valiente, necesario y profundamente atinado.

Cuando Alvarado afirmó: “Si en algo me equivoqué, fue en traerlo a usted al país”, no solo lanzó una crítica política, sino que hizo algo que hoy escasea en la política costarricense: asumir responsabilidad. Reconoció su error, pidió perdón al país y dio la cara. Ese gesto, más allá de simpatías personales, merece respeto.

El conflicto por la pensión presidencial es apenas la excusa. El problema real es la forma en que se gobierna. Rodrigo Chaves no solo evitó asumir una decisión propia, sino que intentó utilizar a un expresidente como justificación. Gobernar no es señalar, es responder. Y cuando un mandatario reparte culpas, el país entero paga las consecuencias.

Hoy Costa Rica enfrenta una realidad preocupante: educación deteriorada, inseguridad creciente, narcotráfico infiltrándose en comunidades y oportunidades cada vez más escasas, especialmente en las zonas rurales. Frente a esta realidad, el discurso de confrontación, victimismo y ataque constante no construye país.

Y espero que los ticos y las ticas abran los ojos y entiendan que la supuesta continuidad que hoy se nos vende es puro humo. En realidad, no es continuidad: es un salto al vacío. Nos están llevando a la quiebra institucional, social y moral del país. Costa Rica no puede darse el lujo de seguir por este camino. Que venga cualquier gobierno, menos la continuidad de este modelo que ha demostrado incapacidad, improvisación y desprecio por la responsabilidad.

Como tico, yo perdono a Carlos Alvarado por ese error que él mismo reconoció. Porque pidió perdón. Porque dio la cara. Porque entendió que un líder también se mide por su capacidad de aceptar cuando se equivoca. Ojalá más políticos tuvieran ese valor.

Costa Rica no necesita presidentes perfectos. Necesita presidentes responsables. Y hoy, más que nunca, necesitamos menos discursos y más acciones. El país no se gobierna con pleitos, se gobierna con carácter.

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