
No comprendo. “No hay salud sin salud mental” es el eslogan más reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en esta materia, secundada y utilizada en nuestro país por la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), para promover los esfuerzos oficiales en materia de salud mental como un aspecto de lo integral que es la salud general y para sensibilidad a los habitantes de la república en cuanto a este tema se refiere.
Dicen que “el sentido común es el menos común de los sentidos”.
Desde los 18 años sufro de dos trastornos mentales. Según el último diagnóstico que me efectuaron en el Hospital Nacional Psiquiátrico (HNP), durante un periodo de internamiento efectuado hace más de un año, en razón de sufrir una crisis grave que me puso a unos pasos del suicidio, se me diagnostico Ciclotimia (especie de Bipolaridad moderada) y Trastorno de Personalidad Mixta. Se me dijo en esa oportunidad que mi estado se debía a una intoxicación producto de un exceso de medicamentos dosificados en exceso por profesionales en psiquiatría de un hospital de la CCSS en que se me atiende desde hace más de 10 años. La intoxicación respondía a alrededor de unos 12 medicamentos, por los cuales estuve a punto de una sobre dosificación que me pudo haber matado por efecto de la misma o por inducirme a suicidio. Al final se definió el diagnóstico señalado y me prescribieron 4 medicamentos, se me incapacitó por una semana y luego regrese a la bendición que es el trabajo cuando este es digno.
En ese entonces, desde que ingresé de nuevo a laborar, la verdad no sentí ningún cambio significativo en mi calidad de vida emocional y cognitiva. Más aún, puedo asegurar que desde que psiquiátricamente soy atendido por la CCSS, he ido al hospital” religiosamente” cada 3 a 4 meses, asistiendo a una cita de unos 15 minutos, donde se me hacen unas cuantas preguntas repetitivas y se modifican pequeños ajustes a los medicamentos prescritos, pese a manifestar ansiedad y depresión constante, cansancio extremo e ideas automáticas (obsesiones), migrañas, mal dormir y lo más alarmante, ideas de muerte y un deseo profundo de no despertar más, en pocas ocasiones he sentido una mejoría aceptable. Entre cada cita se suministran boletas con los medicamentos a ser retirados mensualmente. Lo más incomprensible y lamentable para mí, es que cada cita quien atiende es un profesional en psiquiatría diferente, en algunos casos alguien que no lo hace desde hace unos 9 meses o más. Pese a manifestar en las citas mis síntomas, que considero serios o incluso alarmantes, nunca se me ha incapacitado, aun solicitándolo casi de manera desesperada. He igualmente grabe, nunca se me han efectuado exámenes específicos para establecer el grado de afectación de los medicamentos que tomo sobre órganos fundamentales como el hígado, los riñones o algún otro, como sugieren los prospectos de dichos medicamentos. En el periodo de tiempo que estuve mejor equilibrado por espacio de 2 años, coincidió, que el psiquiatra que me trataba renunció, precisamente por considerar que la CCSS, en lo que a temas psiquiátricos y de salud mental se refiere, realiza una atención ineficiente y pobre de cara al paciente, poniéndolo en peligro al atenderlo en citas de 15 minutos, en lo que respecta a trastornos complejos y variantes y con un cambio permanente de médicos especialistas. Al final, el médico renunció dado que, según sus palabras: “me parece inmoral ganarse el dinero en unas condiciones indebidas para los pacientes “.
Desde hace 30 días, por razones que desconozco, los mismos síntomas que ya describí y fueron el motivo de internamiento hace más de un año, vuelven a aparecer, a tal punto que recurro de emergencia nuevamente al HNP, después de soportar dos semanas para determinar si era algo pasajero debido a los pequeños cambios en los medicamentos. Quien me atendió en emergencias era una persona joven, de lo cual no tengo queja alguna, sin embargo, pese a su trato cortes, siento que se quedó corto en su diagnóstico al especificarle todos mis síntomas, mi historial médico, revisar mi expediente y tener conocimiento del peligro que suscita el manifestar directamente señales de ideas suicidas. Me atendió a la 9:30 am y dictaminó mediante exámenes de sangre los niveles de Litio. Esperé hasta las 5 pm, en tanto seguí en un estado de pánico creciente e ideas de muerte, sin embargo, no me ingresó al hospital, ni me incapacito ni por un solo día. El único cambio sugerido fue modificar la ingesta de un medicamento a horas del almuerzo y el aumento de media pastilla de clonazepan.
Pese a ello, mi situación empeoro y acudí a un médico psiquiatra privado, pagado con dinero que no debería haber sido utilizado si se me hubiese atendido correctamente. Desde hacía una semana tenia además estreñimiento, luego diarrea, orina naranja y ojos amarillentos. El psiquiatra privado, ante los indicadores de un examen de orina sospecha de ser portador de hepatitis A, ya sea aunada a la crisis psiquiátrica o independiente a ella, me remite asistir de emergencia al EBAIS que me corresponde, pues considera que no puede asumir el motivo de todo el cuadro clínico sin tener pruebas sobre el origen del mismo. Posición que, en 30 años de propia experiencia, más la de mi psicóloga privada presente en la cita consideramos acertada.
Una observación importante del Psiquiatra merece mención. Me pregunta, “en más de 10 años de tratarlo por trastornos mentales en hospitales de la CCSS, ¿le han realizado cerca de 7 diagnósticos diferentes?” Mi respuesta: Si Doctor, así es. La respuesta visible del Dr., un simple movimiento de cabeza en señal negativa.
El pasado sábado 28 de octubre asistí a emergencias al EBAIS, observan mis exámenes de orina que efectué en una clínica privada, me hacen otros exámenes de orina y sangre y el resultado es definitivo, hepatitis A. Se me dice que debo tomar agua, descansar y no visitar aglomeraciones de personas. Pero no se me incapacita. Se me aclara que debo llegar el lunes siguiente para tramitar la incapacidad. Llegado dicho día, ante la atención del mismo médico, me señala que debo solicitar cita para que me atienda, aun siendo conocedor de mi condición y que solo iba por la incapacidad según sus mismas palabras. Se da un “conato” de discusión que no llega a nada. Acudo sensiblemente molesto ante la Administración Medica a reclamar lo incomprensible para mí y, “como mago” la administración me “crea” una cita pues la más próxima sería para dentro de 3 días. Ya a ese punto no aguantaba más mi condición por el cansancio y ansiedad. Me atiende otro médico por la intervención de la Administración Médica, quien realiza las mismas preguntas, me manda los mismos exámenes para realizarse hasta el 30 de noviembre que el primer médico y nada de incapacidad, aunque me receta lo mismo: descanso y agua.
Resumiendo, entonces: 1) En la institución donde laboro no me pueden incapacitar pues no tiene pruebas de exámenes de la CCSS, que solicitándolo por escrito al EBAIS estarían en 15 días, 2) pese a ello, en mi institución me dicen que incluso podrían sancionarme si asisto a trabajar estando enfermo pues puedo contagiar a mis compañeros, 3) el psiquiatra privado no puede atenderme, diagnosticarme y medicarme hasta descartar la finalización de la hepatitis A o si existe algún medicamento, como el Lamictal, que esté afectando mi hígado por ejemplo, 4) no me incapacitan, 5) No tengo vacaciones, 6) no puedo pedir más días sin goce de salario, pues solo se pueden solicitar 2 por una situación así, además de que el dinero no sobra, 7) el Psiquiatra privado no puede atenderme igualmente pues no tiene toda la información requerida para tomar su mejor decisión pues hasta el 30 de noviembre tengo cita para que se me efectúen los exámenes correspondientes.
Entre tanto… ¿Y yo qué?, ¿se me ve como persona?, ¿Cómo paciente? ¿Cómo qué?… hoy lunes 6 de noviembre del 2017, como buen paciente, “obediente y con las puertas de la burocracia cerradas”, sigo intentando serlo en tanto aguanto lo mal que me siento emocionalmente. Esperando no sé qué.
Señores de la CCSS, no es que ¿“no hay salud sin salud mental?
Señores de la CCSS oficialmente los hago públicamente responsables de mi salud. Espero no suceda, pero si por desgracia me suicido, la responsabilidad es suya y solo suya.
Señores de la CCSS, recuerden, dicen que “el sentido común es el menos común de los sentidos”. En este caso es innegable a raudales la incompetencia y falta de liderazgo para desarrollar ideas creativas ante situaciones no comunes e de iniciativa ante un ser humano que sufre.
Señores de la CCSS, por su institución daría mi vida por lo que históricamente ha sido y representa aún en no sé cuántos funcionarios con mística, pero toda esta situación descrita NO, COMPRENDO, NO TIENE SENTIDO, por mejor sistema de salud y médicos que tengamos en esta “Cuesta Abajo” que aparenta ser nuestro país en algunos campos.
O es que ¿además de circular por sus pasillos funcionarios y pacientes, camina también la desidia, la falta de comprensión de los pacientes, en especial los psiquiátricos, la corrupción que enceguece hasta al más moral de los humanos a punta de “cementasos”, “trochas inexistentes”, “equipos deteriorados procedentes de Finlandia” y quien sabe qué más?
¿Qué cosa, al fin de cuentas lo único que pido es ayuda para sentirme bien o mejor como paciente psiquiátrico, ¿es mucho pedirles señores de la CCSS? ¿No es esto parte de los objetivos de la institución?, ¿No es parte de lo que cubre mi cuota obrero-patronal para el correcto funcionamiento del Sistema de Salud de nuestro país? A, y claro, ¿no es esto parte del eslogan “no hay salud sin salud mental”?
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