
Dentro de las conquistas del Derecho Administrativo, se encuentra el surgimiento de los derechos y garantías individuales. Este derecho surge como un equilibrio entre el interés general y la libertad individual. Se trata de un equilibrio precario, que debe ser permanente revisado.
La gestión de la emergencia médica generada a raíz del COVID- 19, pone en cuestionamiento la visión de interés general. No es lo mismo pedirle que se quede en casa a una persona que cuenta con servicios de electricidad e Internet propios, con medios para acumular alimentos, que no ha visto mermar sus ingresos y que puede realizar trabajo a distancia, a imponer esta orden a personas que por la naturaleza de sus trabajos deben laborar de forma presencial. Hablamos de la gente que se ganan su sustento día a día, por cuenta propia.
Desde el inicio de la emergencia sanitaria, el Poder Ejecutivo estableció protocolos para que en los establecimientos comerciales desarrollaran medidas de distancia social, limpieza continua de manos y superficies, así como la revisión de usuarios y comensales. Sin embargo, estas medidas no se han aplicado de la misma forma a todos los sectores productivos.
Es increíble que se esté castigando a los sectores productivos, por la irresponsabilidad de algunas personas, que no les importa más que ellas mismas, y no se preocupan en un mínimo por el futuro del país, creo que se debe castigar a las personas y no al comercio o los que si se preocupan por el bien común.
Por ejemplo, no es posible que a la señora de la sodita de la esquina, que ha invertido una cantidad considerable de dinero productos de desinfección para cumplir con todos los protocolos y atender a sus clientes de la manera más segura, la castiguen cerrándole su negocio, mientras sus deudas y obligaciones no se detienen.
O que mediante la restricción de placas, que obliga a sacar el carro una vez a la semana en las zonas naranjas, se obligue a que las personas deban buscarse medios de transporte masivos, exponiéndose a contagios, cuando cuentan con un medio de transporte propio para este tipo de diligencias.
Desde ese punto de vista, las recientes protestas sociales en torno a las medidas de salud, debe ser un llamado para las diferentes fuerzas políticas. La doctrina establece que durante este tipo de acontecimientos, el poder de policía (a nivel de la salud y la seguridad) se ejerce con mayor intensidad, pero no puede llegar al extremo de vaciar de contenido los derechos fundamentales.
Es decir, que durante los momentos de calamidad donde el poder debe ser ejercido con mayor intensidad, este debe ser vigilado con mayor rigor por parte de los actores legislativos y judiciales, a fin de que las actuaciones del Estado se adecuen a las necesidades.
Parte de este control consiste en la necesidad de discutir leyes que puedan responder a este momento histórico, pero sobre entender que no puede seguirse recurriendo únicamente a la represión. Las evidencias de que la gente continua haciendo reuniones numerosas, fiestas o andan sin mascarillas o caretas, dejan ver la imposibilidad de que el Estado se encuentre presente en todos los momentos de la vida social.
En su lugar, proponemos que una gestión que escuche los clamores de esta población, puede encontrar un punto medio, logrando una mayor apertura hacia los sectores comerciales, los cuales ya están aplicando los protocolos sanitarios, que puede conllevar a que la gente no tenga que recurrir a la clandestinidad, y que puedan consumir y satisfacer sus necesidades personales y familiares en espacios más seguros y más controlados. Esta medida podría además estimular a la economía y permitir que paulatinamente el personal de este tipo de lugares pueda reincorporarse al entorno laboral.
No podemos vivir con miedo, desde la lógica de una emergencia permanente. La humanidad durante su historia, a amenazas sanitarias, superarlas, vino a mejorar nuestras condiciones de vida.
Como dijimos, el Derecho Administrativo ha sido una conquista de las sociedades modernas, a través de la tensión entre el bien común y la libertad. Estos no son contrapuestos sino que se complementan para darnos una vida mejor
Adaptarnos a la nueva realidad con la presencia cotidiana del COVID-19 implica que las pautas de cuidado personal deben convertirse en pautas transversales de nuestras vidas, las cuales junto con el trabajo a distancia, parecen haber llegado para quedarse. Gobernar implica poder escuchar y dar salidas a los diferentes actores sociales, para que estos puedan abrir sus alas.
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