
Cuando un país pierde su credibilidad frente a los ciudadanos, debido a la inoperancia de sus instituciones públicas que ahogan a cualquiera en un mar de burocracia y ahora más que nunca, de corrupción y crimen organizado, es urgente repensar ésta Nación. Lo que no es una tarea fácil de elaborar en tres meses, frente a las próximas elecciones presidenciales, en una Costa Rica donde las soluciones brillan por su ausencia, debido a la falta de compromiso de gran parte de la sociedad civil, la cual en el último momento exige al Estado que ponga orden, cuando fue el mismo pueblo quien delegó su poder a éste para que lo representara.
De tal forma, es evidente la falta de una educación social y política enfocada hacia toda la ciudadanía, para enfrentar la demagogia a la que nos tienen acostumbrados en la llamada Suiza Centroamericana, todos los que hasta el momento aspiran a una silla presidencial, dentro de la democracia más estable de América Latina, por lo menos para todo aquel que no conoce a fondo o perdió la memoria del 48. Y que peor aún, no despierta de un bipartidismo que a la fecha, se ha convertido en un mal matrimonio de intereses comunes con ánimo de lucro y muchos hijos.
Donde además, las supuestas nuevas caras con tintes de anticorrupción dentro del espectro político, de nuevas tienen poco. Ya que provienen de un contubernio de intereses económicos en épocas pasadas que en la actualidad no tiene memoria. Y que en el último tiempo, no solo se ha dedicado a dar cátedra legal de cómo administrar este país, cuando ni siquiera ha podido ordenar en el pasado otros ámbitos.
Entonces, hago la siguiente pregunta: ¿Cuánto más necesita sufrir este país, no solo por la burocracia, corrupción, narcotráfico, inseguridad y desvío de fondos públicos por parte del Estado, para despertar del letargo y subdesarrollo mental en que se encuentra sumido? Pretendiendo que sean otros, los que solucionen el problema, cuando son ellos mismos, los ciudadanos, como Pueblo, como Sociedad Civil, los responsables de organizarse y repensar el rumbo de esta Nación, sin hacer un llamado al populismo ideológico que hace temblar a muchos…
Por otra parte, todos aquellos que no participaron en la conformación de la Segunda República y sus familias, parecen olvidar que los tiempos en Costa Rica para todo, son muy lentos, como lo pueden acreditar los hijos y nietos de ex combatientes del 48. De esta forma, en la actualidad la mesa política está servida y en espera de esos “nuevos candidatos” los que en teoría, no meterían la mano en los reducidos recursos públicos con los que cuenta este país, o que en su defecto, engrosan los bolsillos de algunos que han hecho del ejercicio de la política su nuevo modus vivendi.
Porque es innegable que esta contienda (político-social) se trasladará al ámbito de las encuestas, las cuales serán las que marquen la pauta a seguir frente al sector de indecisos que en este país votan a último momento; y que se incrementa cada vez más, debido a la alienación mental en que se encuentra sumida gran parte de la población.
Con lo cual, propuestas reales de campaña no existen, más allá de prometer renunciar al salario como presidente y una que otra perogrullada, que en realidad confirman la queja continua de que parte del descalabro que está sufriendo este país, es producto del fraccionamiento de la Asamblea Legislativa, como bomba de escape frente a tanta corrupción; debido a que la división dentro del Congreso es más que un llamado de atención, es un grito desesperado por parte de la población en relación a que no existen propuestas reales de cambio, dentro del quehacer político nacional y más, cuando se recomienda por parte de los expertos que: “es mejor viejo conocido que nuevo por conocer”, en relación con el bipartidismo o triunvirato de nuevo corte…
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