Es acaso el presidente un aspirante a dictador, un acosador o es puro cuento, parte de un discurso político. Estas ideas que tenemos meses escuchando son parte de una agenda política, pero, como se establece una estrategia política que permeé el imaginario colectivo. Razonando e intercambiando ideas sobre la narrativa del gobierno de turno y la oposición me preguntaba de donde surgían. Si su creación era de manera espontanea dado el discurso de los actores políticos o de una articulación adrede de los actores políticos.
Autoritarismo, una idea que comenzó a permear y esta presente en el discurso político del país. Pensemos si se da por las frecuentes y fuertes declaraciones del presidente, hacia sus rivales políticos o surge de la narrativa de la oposición que trata de restar popularidad al mismo. Analicemos el caso, habrá entonces acciones concretas fuera de los dimes y diretes políticos, para afirmar autoritarismo. Habrá entonces violaciones a derechos fundamentales de la población, acaso hay periodistas arrestados o alguna semejanza de regímenes vecinos a nuestro país. Si la respuesta es no, de donde surge el discurso o la idea de autoritarismo.
Pienso surge de la contranarrativa de la oposición política, que debe colocar un discurso, igual de grande al promedio de popularidad del presidente, que puede rondar por el 55 por ciento, según que encuesta, donde una contranarrativa menos dura, seria cuanto menos inútil ante el megáfono presidencial. Pero para instaurar un discurso de ese tipo, es necesaria la publicidad, la repetición y el tiempo; todas cuales consumen recursos, por ende debe ser articulado y planificado.
¿La existencia del discurso cambia los hechos? Que alguien sea considerado un acosador o violador ¿Lo convierte en uno? La respuesta aunque parezca obvia no lo es, porque la política costarricense, reflejo de nuestra cultura serrucha pisos, trata de bajar al contrario y no trata de posicionarse a si mismo mejor. Por lo que podemos decir que la narrativa del autoritarismo, trata de dejar mal al Presidente, desprestigiarlo o injuriarlo, sin que eso represente un rédito para los partidos o la oposición que lo proclama. Sin que tampoco se den hechos que sustenten posiciones de uno o de otros.
Ante la articulación institucional de las narrativas y contranarrativas, la mayoría sin sustento real, solo queda entender que son discursos que nos desvían la atención de lo realmente importante. Pero si a nadie le benefician estos discursos. ¿Quién sale ganando?
La política en Costa Rica es cubierta con tintes faranduleros y consumida de la misma forma, ha creado una explosión de contenido político sin precedentes. Programas de opinión, de noticias, seguimiento a la Asamblea Legislativa, análisis de la comisión que investiga, retransmisiones, influencers, notas de prensa, entrevistas, hasta este articulo de opinión. Donde la polémica y los discursos contradictorios refuerzan los sesgos de confirmación y alimentan la confrontación. Vivimos entonces una espiral que aumenta el conflicto con retroalimentación que lo único que hace es aumentar hasta que nos quedemos sordos y no escuchemos la posición contraria.
Para concluir como aporte quiero decir, que la mejor opción antes de ensordecernos del discurso opuesto a nuestra posición, es que entendamos que no importa de que lado estemos, oposición o oficialismo, ambas partes quieren implantar sus narrativas y están dispuestos a mentir o más para implantar un mensaje, el mensaje muchas veces va a buscar desacreditar. No nos comamos los titulares sin análisis, no demos fe de lo que dijo el analista de turno, cuestionemos y analicemos las opiniones que nos hacen sentir incómodos, encontremos cual es la narrativa impuesta y hagamos oídos sordos de ella. Las narrativas, cuales quieras que sea pierde su efecto si las cuestionamos de entrada.
Y como dice sabiamente Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno. Y desechad lo malo.