Columna Cantarrana

Mientras no les toquen el FEES, todo muy bien

» Por Fabián Coto Chaves - Escritor

Los dos gobiernos del PAC, más que progresistas, más que izquierdistas, fueron gobiernos profundamente conservadores. Se trata, si así lo prefieren,  de un conservadurismo progresista. 

Un conservadurismo carbono neutral. 

Un conservadurismo con impostura ilustrada. 

Un conservadurismo de “brunch en el Apotecario”. 

Más allá de ciertas estridencias retóricas o ciertas picardías simbólicas tipo Paola Vega rechazando la comunión, Ana Helena libando en Puchos o Luis Guillermo izando la bandera de la diversidad, lo cierto es que, al cabo de estos dos gobiernos, nuestra divinizada institucionalidad terminó convertida en una negación del proyecto moderno: un costarricense hoy está mucho más determinado por el barrio donde nació o  por los recursos de su familia que por el número de años que permanece en el sistema educativo. Es decir, el mecanismo fundamental de la modernidad, a saber, que un individuo no se encuentre determinado por su origen sino por las decisiones que articulan su proyecto de vida, está roto. 

Un muchacho pobre que con algo de suerte se gradúa de secundaria, al fin de cuentas, no tiene mayores perspectivas para su vida. No puede encontrar un trabajo porque no está capacitado para las demandas del mercado laboral. No puede desarrollar un proyecto empresarial porque no tiene acceso a crédito. Y no puede estudiar en una universidad pública, sencillamente, porque las universidades públicas en este país no existen. Quiero subrayar esto: en Costa Rica no existen las universidades públicas. Existen, eso sí, universidades estatales que otorgan becas a un número determinado de estudiantes (en el 2021, según entiendo, eran poco más de 69 mil). Pero no son universidades públicas, digamos, en el sentido argentino o francés, son empresas estatales que ofrecen servicios educativos, que realizan algo de investigación científica y que, además, cuentan con algunos programas de responsabilidad social empresarial. 

Los dos gobiernos del PAC, ahora está muy claro, no tenían otro objetivo más que proteger el statu quo. O sea, se trataba de gatopardismo puro y duro. Y la actitud vergonzosamente complaciente de las autoridades universitarias y de buena parte de los académicos, de cierto modo, muestra que aquellos no solo eran gobiernos del PAC, sino gobiernos Consejo Universitario, gobiernos FEUCR. 

Justamente por eso, mientras no les tocaran el FEES, buena parte de los académicos guardaron silencio ante las arbitrariedades y agresiones que sufrieron trabajadores, pequeños empresarios y la common people. Y justamente por eso, buena parte de los académicos celebraban con tantísimo entusiasmo los cierres al comercio y las restricciones al tránsito: se pasaron los dos años enteros de la pandemia apoltronados frente a la compu de su casa con el salario intacto.  

Es cierto que a la salida, al puro final, le estamparon a Carlos Alvarado el mote de “neoliberal”. Es cierto que, también al final, en plena campaña electoral, se dedicaron a hacerle lobby a los candidatos del Frente Amplio. 

Pero, repito, durante buena parte de estos ochos años se hicieron los maes, se quedaron callados. Así sucede mientras no les toquen el FEES, mientras haya pluses y pago por dedicación exclusiva… Porque,  claro, la autonomía universitaria y el modelo público de educación se defiende así: pagándole, digamos, a un sociólogo para que no se pare en las esquinas de Chepe a disertar sobre Bourdieu, el habitus y los procesos de socialización subjetiva. 

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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