
El reciente pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos obliga al país a establecer los mecanismos y la normativa para permitir el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, por lo que en nada se afecta el matrimonio religioso o por la Iglesia. Esto es algo que deberíamos tener muy claro. Durante décadas han coexistido en nuestro país al matrimonio religioso y el matrimonio civil y las parejas, de acuerdo a sus creencias religiosas o a sus intereses o preferencias, decide uno u otro mecanismo. Uno representa un juramento ante Dios y la Iglesia y el otro un compromiso formal de dos personas ante la ley y el Estado, que establece deberes y obligaciones, dos mecanismos totalmente diferentes. La opinión consultiva de la Corte se refiere únicamente al matrimonio civil.
Decía uno de los candidatos a la presidencia de la República que se oponía rotundamente al matrimonio igualitario porque la palabra matrimonio era un concepto católico, apostólico y romano, algo que es totalmente falso y que se cae por su propio peso con la sola existencia y aplicación generalizada durante años del matrimonio civil, que repito, no tiene ninguna connotación religiosa.
El otro argumento que los grupos religiosos esgrimen es el concepto de familia tradicional y los valores que representa. Sin embargo, su concepto de familia resulta muy reduccionista y anticuado, limitado a la concepción religiosa del mismo. ¿No es acaso la familia un grupo de seres que conviven y se apoyan mutuamente, en un marco de respeto y amor? ¿No basta con esto? ¿No sería suficiente para Dios un concepto tan simple pero tan profundo para establecer lo que realmente representa una familia? ¿Qué es más importante, un vínculo familiar, basado en el amor y el respeto, o mantener a toda costa un dogma bíblico-religioso? ¿Por qué no pueden ser familia dos hombres o dos mujeres, ya sean solos o con hijos propios o adoptados, o bien con sus mascotas, conviviendo dentro de un ambiente de amor y solidaridad? La diversidad y el amor deberían ser más bien la tónica dentro de las familias en el futuro y lo importante su funcionalidad y no su composición.
Algo hay cierto también, esas familias, que no encajan dentro del dogma religioso actual, existen, y van a seguir existiendo, a pesar de lo que hagan personas, partidos políticos o grupos para tratar de hacerlas invisibles o de pisotear sus derechos. ¿No es mejor entonces, aceptarlas y convivir con ellas en forma respetuosa y tolerante?
Hay una realidad que no se puede tapar, aún existe homofobia en Costa Rica, y en un porcentaje importante. En la mayoría de los casos, las personas o grupos que se oponen al matrimonio civil igualitario, o bien los que no aceptan reconocer derechos a la comunidad gay porque piensan que este sería el comienzo de una catástrofe social, en el fondo esconden profundos temores o sentimientos de homofobia e incluso de odio hacia la comunidad LGBTI. Es increíble además que sean los partidos de corte cristiano, así como la misma Iglesia Católica, que deberían profesar amor y respeto, los que están propagando sentimientos de división y de odio entre la sociedad en el tema del matrimonio igualitario.
Nos guste o no, la decisión de la Corte redefine los conceptos de matrimonio y de familia para nuestro país, en aras de un mayor respeto a los derechos humanos de las minorías. Por un lado, el concepto de familia se amplió, y por otro lado el pronunciamiento establece la necesidad de desarrollar la normativa interna para el otorgamiento de derechos, sin condiciones, para la comunidad LGBTI, entre ellos el matrimonio igualitario. Ahora, como país respetuoso de los derechos humanos, solo queda actuar conforme.
Sin embargo, independiente de resoluciones legales, definiciones o semántica, es hora de apelar al amor, a la comprensión y al respeto que debe existir entre todos los seres humanos. Eso es lo fundamental, lo demás, resulta incluso secundario. Esperemos sinceramente que como país tengamos la madurez y la sabiduría para entender que los tiempos han cambiado y que, en la Costa Rica del siglo 21 ya no debería haber espacio para la discriminación, la fobia y el odio. El amor siempre gana.
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