Más militancia por el país

» Por Javier Vega Garrido - Abogado

El pasado 01 de febrero un histórico 69% de las personas empadronadas votaron en paz en las elecciones que se celebraron para escoger presidente, vicepresidencias y diputaciones, que representarán al pueblo a partir de mayo próximo, cumpliéndose una vez más el rito democrático de la alternancia del poder que se entregará a quienes fueron electos en libertad.

Esa alta participación es histórica y memorable, entre otras, por las siguientes cinco razones.

  1. Respecto al abstencionismo que venía en aumento desde 1998 y que alcanzó su pico de 40% en los comicios de 2022, disminuyó cerca de 10%.
  2. Sobre las “normalizadas” segundas vueltas producidas en 2002, 2014, 2018 y 2022 -que algunos esperaban se repitiera este año- se rompe la serie que, además de evitar la siempre controvertida extensión de la campaña, le ahorra al país más de 3.300 millones de colones en organización electoral.
  3. Con relación al mandato, el pueblo elector lo concedió con firmeza y colmó de sobrada legitimidad la presidencia electa, que además logró la excepcional cifra cercana a los 1.2 millones de votos válidos.
  4. Acerca de la representación buscada en el Legislativo, también una notable mayoría le dio 31 diputaciones a la opción afín al oficialismo. Desde luego, otras alternativas partidarias votadas que juntas suman 26 escaños, conformarán el próximo nuevo pleno de la Asamblea, principalmente fragmentado en tres bloques más un par de diputaciones unipersonales.
  5. A propósito de dicha representación, la ciudadanía en efecto apostó electoral y mayoritariamente por:
  • La continuidad de un proyecto político, como el asumido por el partido que acabó triunfando en las urnas.
  • La ratificación pública de su vínculo político e ideológico con el actual “gobierno”, debido a la excepcional popularidad de su titular (60% en promedio) según varias encuestas. Igualmente, el pueblo por mayoría decidió:
  • Confirmar su satisfacción con el rumbo que ha venido siguiendo el paísy el deseo de continuarlo.
  • Aceptar -en consecuencia- las propuestas que en campaña aseguraron esa ruta, por estimar que coincidía con sus propios intereses y anhelos.
  • Reafirmar el mandato otorgado en el Ejecutivo al replicarlo en el Legislativo (31 diputaciones hasta el momento).

Dicha generosa expresión de voluntad popular en las urnas, origina una militancia ciudadana, nacida del fuerte nexo construido en estos últimos años, y que sigue configurando esa nueva identidad política que riñe con el pasado, la corrupción e ineficacia públicas y otras prácticas políticas reprochables.

Gran parte de la ciudadanía optó por un cambio prometido en el que la “añorada” institucionalidad tiene oportunidad real de remozarse, para entregar al país mejores resultados socio-económicos y políticos.

Es una militancia con Costa Rica que abarrotó cívicamente las urnas y deja poco margen de duda sobre lo deseado por una gran parte de costarricenses, y que obliga a los representantes electos -que lo son por la Nación- a ejercer los cargos con honestidad, responsabilidad y elevado compromiso para satisfacer sus postergadas necesidades.

No hacerlo por cálculo, priorizar otros intereses, revanchismo, mezquindad, odio o por practicar “trucos de la mágica chistera” legislativa, no solo sería ajeno al bienestar del país y su gente, sino que profundizaría su legítima sensación de haber sido defraudada una vez más.

Son muchísimos los recursos de la contribución pública (39 mil millones de colones) que podrían distribuirse entre los cinco partidos que lograron representación parlamentaria, y como se financian vía impuestos, existe el derecho político básico a exigir una representación de calidad que milite con el país.

Otra Costa Rica es posible y así debe reclamarse a quienes hace poco rogaban por votos.

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