
El nuevo Presidente de la República Carlos Alvarado, asumió la inmensa responsabilidad de llevar a buen puerto a Costa Rica, guiado por la razón y la igualdad ante la ley que nos cobija a todos, y nos permite cada día, una convivencia pacífica como base constitutiva de nuestra idiosincrasia, sin importar raza, sexo, género, religión o condición económica, debido a que somos multiétnicos y pluriculturales, respetando no solo las propias, sino también ajenas particularidades.
La identidad de todos los costarricenses es muy singular, dentro de su pluralidad y se extiende por todos sus 51.100 kilómetros cuadrados, celebrando el hecho de ser un país que goza y vive en libertad. Como ejemplo de una democracia representativa, donde el pueblo todavía elige a sus gobernantes en beneficio de todos y no solo de unos pocos.
Ésta República se construyó desde la ciudadanía, siendo su armamento fundamental, no solo la fortaleza de su criticidad, sino también su educación que ejercen sus habitantes en lugar de un servicio militar; ya que como labriegos sencillos, conocemos el alto precio que por un ejército habría que pagar. Así, confiamos a toda costa en el diálogo abierto y la discusión argumentada, donde primen la amplitud de criterios, porque nuestras mentes solo deben ser gobernadas por la fuerza de la razón, como un estandarte que ondea al tambor de cualquier batallón.
A diferencia de otros países vecinos, donde la libertad de expresión es acallada con la metralla o la cárcel, todavía podemos gozar de una Democracia relativamente estable y con instituciones que luchan por mantener su credibilidad, a pesar de todo y contra todo.
Por ello, los Derechos Humanos son uno de los pilares que sostienen a éste país y por los cuales, miles de costarricenses alzaron la voz, con el sufragio en mano en las pasadas elecciones presidenciales, haciendo posible que Carlos Alvarado, tomara posesión de la Presidencia de la República por elección popular, jurando ante la Patria y todos sus ciudadanos, trabajar por una Costa Rica congruente, con los cambios y nuevos horizontes, sociales, culturales, políticos, económicos, científicos y tecnológicos.
Donde todas y todos podamos construir un Estado integral y solidario, sin idealizar las responsabilidades propias y ajenas de cada uno, ética y moralmente respetuoso de nuestra Constitución Política, a través de un Gobierno de Unidad Nacional en donde trabajemos sobre lo que nos une y no sobre lo que nos separa, en aras del bien común, con el primer Gabinete paritario y multipartidista de la historia.
Porque para finalizar, las Garantías Sociales que constituyen una de las bases de la idiosincrasia de Costa Rica, se escribieron desde hace ya setenta años, con dolor, sudor y sangre y por ello mismo, hoy, deben ser reselladas nuevamente, pero a través del diálogo político de sus ciudadanos con representación en el Congreso. Para trabajar en pro del Desarrollo de ésta Nación y no en beneficio propio, como se ha demostrado en el pasado con varios diputados y ministros muy cuestionados. Y donde los nuevos políticos de diferentes fracciones, ya sacaron las uñas y también los dientes, como cuota de un nuevo estilo “restaurado” de corrupción, pero supuestamente de la mano con Dios.
El ejercicio político en éste país, se ha transformado en una carrera en donde algunos, han hecho del mismo una forma de vida muy lucrativa, olvidando para que fueron elegidos o tal vez, haciendo honor a quienes a dedo los pusieron allí. Así que será muy aleccionador para todos los costarricenses, observar el desempeño que seguirán ejerciendo los nuevos diputados en la Asamblea Legislativa y el curso que le estaría dando, ese “gobierno paralelo” que nunca ha dejado de mandar, a la vista y paciencia de propios y ajenos…
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