Culto y de gran voz. Eso resume la presencia radiofónica de este guapileño quien es lejano a los reflectores del escándalo y la chabacanería, instrumentos a los que se recurre cuando se carece de capacidad periodística.
Por más de 30 años, Marvin Centeno ha construido una carrera narrativa de gran calibre, imparcialidad y de ribetes decorosos para nuestra profesión.
No ha necesitado de pleitos baratos en cabinas de transmisión, espectáculos grotescos ni lenguaje soez para captar la simpatía, respeto y reconocimiento de quienes nos deleitamos escuchando a este generoso ser humano haciéndonos soñar por las ondas de la radio.
Las características profesionales de Centeno son, precisamente, las que demandamos los oyentes. Y las empresas radiofónicas que contratan profesionales de este rango se garantizan, no solamente una audiencia proba, sino, además, la garantía del patrocinio de empresas serias que requieren calidad en el producto que patrocinan: en este caso el fútbol.
Cuando el periodismo deportivo se tambalea en comentarios y análisis de poca monta, con informadores carentes de criterio y mucho menos capacidad cultural, la figura de Marvin Centeno destella como honrosa excepción.
Narrar es un arte. La magia de la dicción, coherencia, gravitación de la voz, poder analítico y amplitud de lenguaje, conforman una estructura irrenunciable para quien osa tomar un micrófono. Ese cuadro fáctico lo cumple cabalmente Marvin.
No grita: describe. No alardea: informa. No rebaja nuestra profesión; la dignifica. No se parcializa: su nivel de madurez y cultura le imposibilitan un acto ruin al transmitir como ese.
El periodismo deportivo requiere muchos maestros como éste. Sería encomiable que muchos alumnos estén dispuestos a aprender de este bastión limonense.
Mientras siga su voz corriendo por la imaginación de los oyentes, será placentero seguir encendiendo la radio. Y al encenderla, volveré a agradecer el esfuerzo, tenacidad, decencia y capacidad de mi respetado Marvin Centeno. ¡Qué bueno! ¡Qué Bueno!