Marita Camacho de Orlich: símbolo de la dignidad republicana y la vocación de servicio

» Por Dr. Fernando Villalobos Chacón - Historiador especialista en Geopolítica y política costarricense

El fallecimiento de doña Marita del Carmen Camacho Quirós, el pasado 20 de junio de 2025, a la longeva edad de 114 años y 102 días, constituye un hecho profundamente simbólico en la historia contemporánea de Costa Rica. Su vida, extendida a lo largo de más de un siglo, es reflejo de una época marcada por el civismo, la sobriedad republicana y el compromiso social. Como primera dama durante el gobierno de Francisco J. Orlich (1962–1966), doña Marita desempeñó un rol activo en las políticas sociales, particularmente en beneficio de la niñez y las mujeres, convirtiéndose en un modelo de liderazgo femenino discreto pero efectivo.

Una vida entre la historia y el servicio

Nacida el 10 de marzo de 1911 en San Ramón, Alajuela, en una Costa Rica aún predominantemente rural, Marita Camacho fue testigo de las grandes transformaciones del siglo XX: la consolidación del Estado costarricense, la abolición del ejército, el sufragio femenino, la expansión de los derechos sociales y el desarrollo institucional del país. Su matrimonio con don Francisco Orlich en 1932 selló una alianza no solo conyugal, sino también de compromiso cívico. Junto a él compartió una visión humanista y progresista del país.

Durante su gestión como primera dama, doña Marita impulsó programas sociales pioneros. Su atención estuvo puesta, sobre todo, en el bienestar de la infancia costarricense, promoviendo guarderías, comedores escolares, hogares para menores y apoyo a la salud infantil, destacando su respaldo al entonces naciente Hospital Nacional de Niños.

Como señaló la historiadora Carmen María Valverde, “las primeras damas costarricenses han ejercido un poder suave, basado en el cuidado, la educación y la presencia simbólica” (Valverde, 2008, Mujer y política en Costa Rica). En este sentido, doña Marita encarnó un modelo de liderazgo femenino que, sin ostentación, ejerció una profunda influencia humanitaria y moral sobre la gestión pública.

La ética de lo sencillo

En tiempos de acelerada exposición mediática y narcisismo político, la figura de Marita Camacho aparece como una referencia ética de decencia y sobriedad. Nunca utilizó su posición para beneficio personal ni para alimentar su ego. Por el contrario, su labor fue siempre serena, eficiente y profundamente solidaria.

Tras el fallecimiento de su esposo en 1969, doña Marita optó por una vida privada, alejada del protagonismo, pero sin renunciar jamás a sus convicciones. Así, personificó esa estirpe de ciudadanas comprometidas que, como lo afirma Victoria Camps, “actúan desde la discreción, pero con firmeza de principios, porque el verdadero poder no es el que brilla, sino el que transforma” (Camps, 2000, Paradojas del individualismo).

Doña Marita vivió más de 114 años, convirtiéndose en la primera costarricense en superar los 110, 112 y 114 años, y en la exprimera dama más longeva del mundo según registros internacionales (LongeviQuest, 2025). Pero más allá de su longevidad, lo que verdaderamente importa es la calidad de su ejemplo: una vida al servicio de los demás, guiada por la ética republicana, la fe y el amor al prójimo.

Legado para las nuevas generaciones

Hoy más que nunca, cuando la política parece dominada por el cálculo y el interés, la figura de Marita Camacho de Orlich resalta como un faro de integridad. Su vida y legado nos invitan a revalorizar lo esencial: la vocación por el bien común, la empatía social y el compromiso ciudadano.

Para las mujeres costarricenses, especialmente las jóvenes, doña Marita representa un modelo de liderazgo empático y transformador, fundado en la coherencia personal y la responsabilidad pública. Como ella misma solía decir: “Servir no es un deber, es un privilegio si se hace con amor”. Y también: “El tiempo no desgasta al alma que se ha entregado con fe”.

Su memoria debe ser honrada no solo con palabras, sino con acciones que reflejen su ejemplo. Como dijo la socióloga costarricense Larissa Arroyo: “Las mujeres que transforman la historia no siempre ocupan los reflectores, pero sí dejan huellas profundas en la estructura del país” (Arroyo, 2022, Género y liderazgo en América Latina).

Conclusión

La muerte de Marita Camacho de Orlich cierra un capítulo de nuestra historia política, pero abre un compromiso con la memoria. Su figura, humilde y luminosa, resume lo mejor del alma costarricense: honradez, laboriosidad, compasión y fe en el porvenir. Fue una gran dama, una gran costarricense y un símbolo viviente de la Costa Rica posible y decente.

Que su ejemplo inspire a las nuevas generaciones a restaurar la dignidad en la función pública, la compasión en la acción política y la sabiduría en el servicio.

Referencias:

  • Valverde, C. M. (2008). Mujer y política en Costa Rica: historia de una participación creciente. Editorial UCR.
  • Camps, V. (2000). Paradojas del individualismo. Ediciones Paidós.
  • Arroyo, L. (2022). Género y liderazgo en América Latina. FLACSO.

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