
“Aunque fuera para cumplir con mi deber de ciudadano, ¿para qué voy a votar si nadie me convenció? Además de hacerlo en blanco, mi voto acabaría sumado a un candidato que a lo mejor ni su mujer votó por él”, reclamó un viejo que estaba en la calle con su amigo apodado el “humorista”, quien; además de estar de acuerdo con el adefesio electoral mencionado, agregó con cierta sorna; que antes o después de las elecciones, sería oportuno y divertido volver a la historia y gritar al estilo de los gladiadores romanos en el circo: “ave Caesar, morituri te salutant”, el amigo, asustado de lo que había oído, le preguntó: “¿nos matarán a todos?”, “de hambre si no se ponen las pilas y de paciencia franciscana esperando la realización de los proyectos y la solución de problemas urgentes para el terruño; que los políticos enemigos acérrimos del dios Cronos dejarán de hacer. Midió una pausa, y el viejo que no deseaba sufragar, con una sonrisa pícara y como rememorando algo ameno le explicó el refrán en dialecto napolitano que un amigo “tuttili” le contó: “A fessa in mano de crianza”, el italiano, que era muy educado, tradujo el proverbio de la siguiente forma: “darle a un niño pequeño en la mano, el gobierno de Costa Rica, un País, muy hermoso y repleto de posibilidades de progreso”. “¡Ojalá que el niño pequeño crezca muy pronto!” terminó diciendo el “humorista”.
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