
Por Luigi Rebecchi Pannelli
Jurema Casandra salió del tribunal donde la jueza la regañó y amenazó con enviarla al Buen Pastor, la próxima vez que se le ocurriera ofender airadamente a los jerarcas de una institución pública, por no equiparar los 129.620.00 miserables “pinches” colones exactos, de su mínima paupérrima pensión de adulta mayor, a un salario mínimo que sería lo justo para poder vivir sus últimos días con un poco de dignidad.
“Me entró flojo lo que me dijo la señora de la ley ya que mi reclamo fue justo” comentó mientras entraba a una cantina de antaño con sillas y mesas de madera y por suerte, sin un televisor; donde se juntó e invitó a sus dos amigos, también pensionados Xiomara y Anselmo a brindar con ella su libertad; sin las cosméticas medidas cautelares.
Anselmo estaba tratando de convencer a Xiomara que el Organismo de Investigación Judicial, el Ministerio Público y la Contraloría General de la República, deberían ser independientes y autónomas en lo económico y en la máxima jerarquía de cada una; Xiomara, después del primer “Cacique”, le preguntó: “estoy más colgada que un mono, ¿explícame mejor?”, ”te lo explico; el director del O.I.J. y el fiscal general, los nombran los magistrados del Poder Judicial, a el contralor los diputados de la Asamblea Legislativa, ahora sí, ¿te cayó la peseta?”; “sí, sigue”; “bueno, entonces, te repito, todos los jerarcas de las tres instituciones, a saber las contrataciones, los ascensos y los nombramientos, deberían aplicarse al estilo español, por oposiciones, es decir, por las hojas de vida, los méritos personales y las antigüedades; sin te repito, las intervenciones de otras entidades”; “¿Y, quién diablos, los controlaría?, porque aunque independientes, deberían dar cuentas de lo que hacen, me parece a mí…” “a los diputados en la Asamblea Legislativa y al mismo presidente de la república”; “¿y de dónde sacarían la plata para financiarlos?”; “de los contribuyentes choriceros y moros quienes sobran en el país”. Jurema Casandra, quien había escuchado atentamente la conversación, intervino acotando que los diputados no le parecían los indicados para la tarea; pues cuando no estaban seguros de algún problema, como cambiarse de traje; renunciaban al partido político y por consiguiente al pueblo que los había elegido y se declaraban independientes, más que nada para cuidar sus dietas, que por la ideología.
Xiomara agregó que estaba de acuerdo en línea general con lo que había propuesto Anselmo, sin embargo nunca le había cuadrado el “chicharrón” de los votos en blanco que terminaban sumados a los candidatos y eso no le parecía correcto, amén de los reos en las mismas cárceles, que pueden votar en las elecciones nacionales, habiéndose paseado en las leyes de la sociedad.
Cuando Anselmo terminó de fumar su puro Puriscaleño y la botella de “Cacique” quedó vacía, los tres amigos salieron de la cantina y afuera se ponía el sol; un perro zaguate siguió el grupito por un rato hasta darse cuenta de que los pensionados eran más pobres que él, entonces cambió de rumbo; pero el can se equivocó, porque el viejo Anselmo abrazando a las dos damas y; ondeando solo un tantito, se dirigía al asilo de beneficencia donde habitaban los tres, que por orgullo, llamaban nuestro hotel de cinco estrellas…