Los parásitos de la socialdemocracia

Costa Rica no saldrá de su crisis moral, económica y política mientras siga siendo rehén de los mismos grupos que se han enriquecido a costa del trabajo ajeno. El estatismo socialdemócrata —que por décadas se ha vendido como “solidaridad” y “justicia social”— no ha sido más que un sofisticado mecanismo de parasitismo institucional: una red de privilegios sostenida por el sudor de los ciudadanos de bien.

Durante años, los políticos tradicionales han cultivado una cultura de dependencia en la que el Estado no protege al ciudadano, sino a los grupos que viven de él. Sindicatos privilegiados, agricultores subsidiados por el presupuesto público, burócratas enquistados en instituciones improductivas y élites que se reparten el botín del gasto estatal, han convertido al Estado costarricense en una máquina de clientelismo y chantaje político.

Por eso, nuestra indignación es legítima. Nos irrita —y con razón— ver marchas de quienes exigen más subsidios, más privilegios, más controles. Pero debemos entender algo: no basta con indignarnos, ni con ganar una elección. El verdadero cambio no se logra con furia, sino con estrategia. La historia enseña que los pueblos que transforman su destino no son los que reaccionan con ira, sino los que piensan y actúan con claridad moral y precisión quirúrgica.

El desafío no es solo vencer a la oposición política, sino desmantelar la estructura mental del estatismo que sigue viva en la conciencia colectiva. Mientras el costarricense promedio siga creyendo que el Estado es la fuente de bienestar, seguiremos alimentando al monstruo que nos devora. Por eso, la tarea es cultural antes que electoral.

Debemos reorganizar la sociedad sobre tres pilares del liberalismo clásico:

  1. Vida: El Estado no puede disponer de la persona, ni de su tiempo, ni de su esfuerzo.
  2. Libertad: Toda forma de coerción estatal que no sea para proteger derechos debe ser abolida.
  3. Propiedad: Quien trabaja y produce tiene el derecho natural a disfrutar del fruto de su esfuerzo.

Solo una ciudadanía libre, informada y moralmente consciente podrá enfrentarse al bloque parasitario del estatismo. No con violencia ni con populismo, sino con inteligencia, estrategia y una visión clara de República: una Costa Rica de Estado de Derecho, donde nadie viva del otro y donde la dignidad humana no dependa del permiso del Estado.

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