
Se han vuelto rutina los nombramientos a dedo de algunos políticos en los puestos diplomáticos, ajenos a sus profesiones habituales que el hecho casi deja de ser noticia, por tanto queda el comentario sobre el futuro desempeño de los nuevos funcionarios; quienes al igual que los diplomáticos de carrera deben seguir al pie de la letra todas las directrices del gobierno que los ha nombrado y olvidar las opiniones personales, que al salir a la luz pública podrían perjudicar al mismo país.
Sin ánimo de justificar o alabar la medida, simplemente a título de crónica, no descartamos la eventualidad de que los nuevos diplomáticos puedan a cabalidad cumplir fehacientemente lo cometido, tal vez; con más propiedad que sus colegas y así desbaratar el “Nepotismo”. ¿Quién quita un quite?
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