
La ganadería comprende, bovinos, ovinos, caprinos, porcinos y aves, ellos con sus emisiones contribuyen con alrededor de 6 mil millones de toneladas de gas invernadero (dióxido de carbón y metano) cada año. Si bien las estimas pueden variar, eso podría representar hasta un 18% de las emisiones globales.
Los rumiantes son los mayores emisores de gases entre estas especies mencionadas, desde mucho tiempo atrás ha venido alimentandose de pastos alterados químicamente (fertilizantes) y otros, que hacen que las hierbas crezcan más rápido influyendo en el proceso digestivo de forma negativa.
Cuando la vaca come hierba apenas la mastica, directamente la traga y va a parar al primer compartimento el rumen o panza. Este es una especie de tanque fermentador donde los microorganismos degradan la celulosa y en general todo el material vegetal que les llega. Como resultado producen ácidos orgánicos volátiles, dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y agua (H2O).
El metano producido por los rumiantes (bovinos, ovinos, caprinos, cebú y otros) proviene de alrededor del 3% de la gran cantidad de microorganismos que viven el rumen. El metano se elimina mediante el sistema respiratorio. Una vaca puede eructar, emitiendo por la boca y la nariz cada día alrededor de 250 – 500 litros de metano.
La peligrosidad de este metano vacuno radica en dos pilares principales: el primero es que es un gas de efecto invernadero muy potente. Un kilogramo de metano liberado a la atmósfera tiene el mismo potencial de calentamiento que 25 kilogramos de CO2. Aunque su vida media y su abundancia es inferior a la del CO2, es un gas que preocupa a la comunidad científica porque existen enormes depósitos almacenados en el fondo de los océanos y en el permafrost (la capa de suelo permanentemente congelado en las regiones muy frías del planeta).
La segunda tiene que ver con el número de animales, se ha aumentado la población ganadera hasta los 20.000 mil millones de ejemplares para satisfacer nuestra demanda de piel, lácteos, carne y sus derivados. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los animales son responsables de alrededor del 14% de las emisiones de gas de efecto invernadero en el mundo, dos tercios de los cuales causado por la ganadería, cada año toda la ganadería libera en la atmósfera alrededor de 1.6-2.7 mil millones de toneladas de gas efecto invernadero, principalmente metano, producidos por la digestión de los animales. Por último 1.6 mil millones de toneladas provienen de los cambios en el uso del suelo y de la recuperación de los pastos.
Es muy probable que las emisiones de la ganadería puedan ser reducidas de alrededor 2.4 billones de toneladas de gas efecto invernadero cada año a través de la tecnología y la gestión. Para lograr estos resultados, será necesario incorporar nuevas manejos de alimentación (mejores pastos y menos químicos, nuevos alimentos, más cereales y una gestión eficiente de los animales, entre otros) mejores modos de tratar el excremento, una mejor genética y mejores técnicas de crecimiento. Muchas de estas estrategias se basan sobre una intensificación sostenible: producir más proteínas del ganado con menos recursos.
En algunos países han ido cambiando la dieta a ensilado de maíz, y manifiestan que la producción de metano disminuiría en un 10%. Se conoce que entre más consumo de fibra ingiera un rumiante, más metano produce, ahora agregando legumbres y otros como aceites de linaza y soja podría ser útil.
En la actualidad existen varios aditivos compuestos por diferentes ingredientes tales como ajo, clavos de olor, algas, otros que se agregan a la dieta cuotidiana de los animales y pueden contribuir a reducir las emisiones, estos productos son comercializados para aumentar la producción de leche y reducir contemporáneamente las emisiones de metano del 30% o más.
Los científicos están trabajando nuevas estrategias en relación a la reducción de las emisiones de gases por parte de la ganadería, específicamente están estudiando las bacterias que producen el metano, controlando su número y de consecuencia las cantidades de gas que producen.
Un sistema bastante efectivo es crear un biodigestor en su finca, consiste es un contenedor cerrado, hermético e impermeable (llamado reactor), dentro del cual se deposita el material orgánico a fermentar (excrementos de animales, orina y residuos de alimentos sólidos y líquidos). Debemos recolectar los desechos de las granjas de bovinos estabulados y semiestabulados con sus desperdicios alimentarios, los cuales se depositaran en el biodigestor donde podríamos obtener biogás un combustible, generado a partir de la fermentación anaeróbica de residuos orgánicos, que vendría a sustituir la electricidad, gasolina y diesel en la granja.
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