Los conflictos globales, la dependencia del petróleo y las oportunidades para descarbonizar la economía con energías renovables marinas

» Por Dr. José Rodrigo Rojas M. - Académico e investigador

En el contexto global actual, marcado por conflictos geopolíticos, crisis climática y disrupciones en los mercados energéticos, se ha evidenciado la fragilidad del modelo energético mundial basado en combustibles fósiles. Las tensiones internacionales han generado incrementos en los precios del petróleo, interrupciones en las cadenas de suministro y una creciente incertidumbre que amenaza la seguridad energética global. Este escenario refuerza la urgencia de acelerar la transición hacia fuentes renovables no convencionales, como las energías marinas.

En América Central, y particularmente en Costa Rica, esta problemática adquiere una dimensión estratégica. A pesar de los avances significativos en generación eléctrica renovable, donde un alto porcentaje proviene de fuentes bajas en emisiones, el país sigue dependiendo de hidrocarburos importados para sectores claves como el transporte y la industria. Esta dependencia no solo implica vulnerabilidad económica ante eventos externos, sino que perpetúa un modelo energético que es económica, social y ambientalmente insostenible. En este contexto, el mar emerge como una fuente de alternativas clave para la transición energética, la descarbonización y la resiliencia. El potencial de la energía de las olas, mareas, corrientes, gradientes térmicos (OTEC), gradientes salinos y viento marino (offshore), representa una oportunidad estratégica subutilizada que debe ser considerada en futuros planes de expansión eléctrica.

Estudios recientes realizados por el Instituto Costarricense de Electricidad, y universidades del sistema CONARE indican que el país cuenta con un significativo potencial teórico de energía azul. En el Pacífico Norte se han identificado condiciones favorables para el aprovechamiento de energía eólica offshore, con recursos técnicos estimados en alrededor de 14.4 GW y asociados a una banda de viento permanente conocida como el jet de los Papagayos. Asimismo, investigaciones del Instituto Tecnológico de Costa Rica señalan un potencial undimotriz (energía de olas) superior a los 20–25 kW/m, mientras que estudios de la Universidad de Costa Rica han identificado, en el Pacífico sur, zonas aptas para el aprovechamiento mediante tecnologías de gradiente térmico.

De acuerdo con el National Renewable Energy Laboratory (NREL) de los Estados Unidos, las energías marinas presentan características valiosas para los sistemas eléctricos, porque son más predecibles que la energía solar y eólica terrestre, poseen alta densidad energética y pueden complementar la variabilidad de otras fuentes renovables. Su integración contribuiría a mejorar la estabilidad del sistema eléctrico nacional y a responder al crecimiento proyectado de la demanda, especialmente en sectores como la electromovilidad y la industria. Más allá del ámbito técnico, el desarrollo de energías marinas también conlleva implicaciones económicas y sociales. Estudios recientes de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, 2024) y de La Agencia Internacional de la Energía (IEA, 2025), destacan que la industria de las energías marinas generará miles de empleos a nivel mundial, dinamizando el desarrollo de las zonas costeras. En Costa Rica, esto podría traducirse en nuevas oportunidades para comunidades históricamente rezagadas, impulsando el desarrollo territorial y contribuyendo al cumplimiento de Objetivos de Desarrollo Sostenible como los ODS 5, 7, 13 y 14.

Sin embargo, el avance hacia este modelo enfrenta desafíos importantes, destacan la ausencia de prototipos probados en campo, limitada disponibilidad de especialistas capacitados para desarrollar obras en el mar, la escaza infraestructura costera, vacíos regulatorios en materia de licenciamiento ambiental y señales insuficientes para el financiamiento de proyectos. Asimismo, es fundamental considerar los impactos ambientales y sociales, especialmente en zonas de alta sensibilidad ecológica. A pesar de estos retos, el desarrollo de las energías marinas debe entenderse como una decisión estratégica de largo plazo. En un contexto de creciente incertidumbre internacional, fortalecer capacidades nacionales y aprovechar recursos propios se vuelve esencial para garantizar la seguridad energética. La experiencia en energías renovables, su compromiso con la descarbonización y el potencial de dos costas constituyen una base sólida para avanzar hacia una matriz energética más diversificada, resiliente y sostenible. En las próximas décadas seremos testigos de una progresiva marinización de la matriz eléctrica con energía azul.

Finalmente, el más reciente informe del Estado de La Nación (2025) nos recuerda que Costa Rica sigue siendo un emisor neto de gases de efecto invernadero y que el cambio climático aumenta la frecuencia e intensidad de las amenazas. En este contexto, la incursión en energías marinas no solo representa una oportunidad técnica viable, sino una necesidad estratégica. Su integración paulatina en la red permitirá reducir la dependencia de combustibles fósiles, fortalecer la seguridad energética y avanzar en el cumplimiento de los compromisos climáticos globales. Para lograrlo, será indispensable superar la visión de corto plazo y apostar por una perspectiva de futuro basada en la ciencia y la innovación. Es momento de dejar de estar de espaldas al mar.

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