
Un cochero de uniforme y relativo tricornio conduce dos caballos con unos penachos negros en las cabezas y; las herraduras de hule que transportan el ataúd de “la inteligencia” hacia su destino final, al funeral los siguen un mono, un perro y un gato, que transita por unas callejuelas solitarias; sin que nadie se percate de su paso hasta llegar a una playa desierta alejada de la ciudad. El cochero detiene a los caballos, se apea de su asiento y; como si regresara a su casa, desaparece entre las olas del mar.
El mono antes de sentarse junto a sus amigos el can y el gato, desata a los caballos del carro, que una vez libres galopan hacia un rumbo desconocido; luego dos águilas arpías, bajan raudas y sacan el sarcófago de la carroza que al caer se abre y en su interior no aparece nada; está vacío, los amigos no se asustan y se limitan a mirar el vuelo de las aves hacia el cielo. El perro después de haberse sacado a dura pena un par de pulguitas, pregunta al mono: “¿ahora que se murió la inteligencia, qué pasará con la tuya, que; según afirma la gente, es casi igual o poco te falta para ser parecido a la de los humanos?”, “nunca me enteré, sin embargo prefiero quedarme como estoy, encima de los árboles” contesta el primate sorprendido. El gato después de unos cuantos bostezos, interviene y dice: “total la inteligencia; los hombres la usaron en la mayoría de los casos para destruirse y nada bueno han aprendido, casi acaban con nosotros…”; el “amigo del hombre” le retruca: “¿acaso la tecnología, no la hicieron con la inteligencia?”, el felino; furioso, le contesta: “la inteligencia volvió a todo el mundo deficiente mental, poniéndolo al frente, día y noche, sin parar a unas pantallas “de última generación” además; provocó que se olvidaran de la familia y de los amigos”.
Desde las olas del mar; aparece una sirena, quien después de haberse quitado de su medio cuerpo unos residuos de plástico; se pregunta en sordina: “¿será verdad lo del óbito de la inteligencia?”.
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