
Buenas personas son en general las que han dejado este mundo, aunque en realidad hayan sido en vida unos asesinos, pero así opina la mayor parte de la gente que queda en este valle de lágrimas. La Navidad ablanda el corazón de los vivos, todos tenemos que ser bondadosos y generosos al menos un día del año, Navidad. El protagonismo se lo llevan los niños y los pobres quienes reciben casi siempre el “sueño de navidad”. Todo eso es muy trillado, por tanto si usted me quiere proponer un reportaje sobre el tema de Navidad, mejor váyase a su casa a tomarse una copa de vino; fue la respuesta del director a un reportero de la televisión. Pepe, el reportero, se marchó con el rabo entre las piernas y endilgó hacia un país sudamericano donde pensó que podía lograr algo distinto con respecto a la Navidad y sus resortes. Paró en una aldea perdida entre las montañas y sin mucho recorrido se topó con tres hermanas enanas de medianas edades sumidas en una pobreza extrema, nada nuevo para el reportero quien en principio estimó que los enanos y la pobreza habían dejado de ser noticia, sin embargo una de ellas con cara de buena gente se alejó de una fogata y se le aproximó con una expresión de ingenuidad que haría la envidia de un santo. Pepe sin mucha gana de hablar, pero con su instinto de periodista se animó a preguntarle: “¿qué le pide usted al Niño Jesús?”, “un pollo” contestó la mujer sin titubeo. ¿Un pollo solamente, es todo lo que le pide al Niño? “Sí señor, yo lo prepararía muy bien” contestó la enana con una sonrisa y muy poco convencida en cuanto a la posibilidad de recibir su regalo.
Un perro famélico que atravesado pasaba por ahí, con una oreja baja y la otra a media asta, preguntó al periodista: “¿por qué te sale agua de los ojos?
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