Ley de usura fortalece la opción de gota a gota

» Por Luis Fernando Allen Forbes - Director ejecutivo Asociación Salvemos El Río Pacuare

Históricamente se ha tenido la idea que al fijar directa o indirectamente, límites a las tasas de interés se protege a los sectores más pobres de la población, bajo el entendido de que de otra manera se presentaría abuso por parte de los prestamistas en la colocación de crédito.

Ciertamente, implementar un límite a las tasas de interés de los créditos tiene como finalidad controlar el costo de financiación de los agentes y evitar abusos en este aspecto por parte de los prestamistas. En efecto esta regulación podría incentivar la demanda de crédito si el límite genera una tasa activa menor a la presentada en ausencia de regulación.

Por ese motivo la existencia de ese límite puede evitar la provisión de servicios financieros a un segmento de la población que contaría con acceso al crédito bajo condiciones sin regulación. Consecuentemente, un techo en la tasa de interés afectaría negativamente la profundización financiera.

Por tradición, el cobro de intereses como rendimiento, significa ganancia o lucro y su causa fundamental es el resultado del libre mercado en el sistema financiero en donde los intereses han pasado a ser la motivación que destaca la búsqueda de la ganancia como un medio de progreso individual y social.

Está claro, que poner en práctica medidas como un límite a la tasa de interés corresponde a una distorsión del mercado que aleja dicha tasa del nivel que se cobraría en un escenario donde los prestamistas maximizan los retornos esperados de los créditos ajustados por riesgo, lo cual correspondería a un resultado eficiente en este mercado.

Sin embargo, el efecto de este tipo de regulación depende de la estructura del mercado de crédito. En otras palabras en un mercado competitivo, un límite a la tasa de interés por debajo de la tasa que igualaría la oferta con la demanda de crédito, traería un efecto negativo sobre la profundización financiera, ya que la cantidad de crédito en la economía sería determinada por una cantidad menor.

Por otro lado si la estructura de mercado corresponde a un mercado de monopolio; un límite a la tasa de interés obliga a la entidad financiera a otorgar una cantidad mayor de crédito, impulsando positivamente el proceso de profundización financiera.

Esto supone que la alta tasa de interés es la que estructura nuestro sistema financiero, favoreciendo las utilidades crecientes de la banca, impulsa la emisión masiva de tarjetas de crédito bancarias y no bancarias y crea la tendencia a favorecer el negocio financiero por encima de la fabricación o comercio de mercaderías.

Finalmente, la concepción imperante es que el dinero debe circular, si los que reciben el préstamo (deudores) se benefician, sería “injusto” que los que otorgan el préstamo (acreedores) reciban sólo el capital prestado. El interés viene, entonces, a constituirse en el medio jurídico que soluciona o pone fin a esa injusticia.

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