Las dos caras de Costa Rica

» Por Marisol Chévez Hidalgo - Licenciada en filosofía Universidad de Costa Rica

El imaginario colectivo, creado desde la conformación de la Segunda República en Costa Rica, es muy interesante, debido a que desde un principio, se necesitaba construir un sentimiento de unidad nacional e igualdad que abarcara a los habitantes de las siete provincias y ante el cual, todos los costarricenses se sintiesen representados e identificados como pueblo, bajo una misma consigna de identidad y costumbres. Sin embargo, esta característica creada por la “Generación del Olimpo”, posteriormente se desdibujo conforme el paso del tiempo, transformándose en lo que reconocemos hoy como Multiculturalidad.

Porque para este Estado democrático, nunca ha sido un secreto los atributos tan diferentes que poseían sus ciudadanos, tanto en sus rasgos físicos y costumbres, al igual que en la práctica de su religión, los cuales constituían una idiosincrasia sumamente diversa y muy particular, consolidada desde siempre, debido a que en la misma línea de pensamiento, pero mucho tiempo después, es que se reforma al Artículo Primero de nuestra Carta Magna, declarando al país multiétnico y pluricultural en pleno siglo XXI.

Así que desde el siglo pasado, ya podemos observar un doble discurso, instaurado desde lo más profundo de nuestra personalidad, donde el ser costarricense se exponía de una forma ante los demás, cuando en realidad se percibía completamente de otra a lo interno. Situación que trasladada a otros ámbitos del quehacer político-social, no ha variado mucho en cuanto asumir, nuestra verdadera y circundante realidad.

Por ello en la actualidad, no es de extrañar que esa forma de ser del costarricense, haya mutado hacia otras maneras de expresar su identidad, en el sentido del deber ser, frente a lo que realmente es, más allá del discurso en el terreno de la práctica ético-moral. Donde desde fuera, se nos reconoce como una República democrática e independiente, libre de corrientes externas, llámense narcotráfico, corrupción u otras que atropellen un Estado Social de Derecho, abierto al diálogo y muy moderado, además de respetuoso de los Derechos Humanos.

La realidad del imaginario colectivo en la Suiza Centroamericana es completamente otra, más allá de las buenas intenciones de algunos que venden a éste país como un paraíso tropical que ya a éstas alturas, no solo tenemos problemas económicos como el déficit fiscal y corrupción dentro de un gran número de instituciones, sino también, somos producción y ruta del narcotráfico, al igual que asidero permanente del crimen organizado y sicariato, evidenciando serios problemas en cuanto a cómo se auto-percibe una parte de la población que aún, considera que aquí no está pasando nada en comparación con otros países dentro y fuera de la zona; pero la verdad es que nos encontramos muy mal.

Entonces debemos ser congruentes con nuestro discurso, ya que es muy fácil decir que vivimos en un País de paz, donde gozamos de instituciones que resguardan los derechos y garantías sociales de todas y todos los costarricenses, como ejemplo de una democracia participativa y un Estado Social de Derecho eficiente, respetuoso de nuestra Constitución y combativo ante la corrupción. Cuando en realidad existe una identidad paralela, una que no queremos reconocer como tal, pero que por ello mismo, no significa que no éste ahí, siendo permisiva con el transgresor y evasor de la ley en detrimento de toda la sociedad.

Porque para finalizar, si exigimos buena educación, transparencia, seguridad social, servicios de salud eficientes, orden en las finanzas, ética y moral en la función pública, debemos empezar a predicar con el ejemplo, denunciando lo que ésta mal, lo que otros no quieren señalar, lo que debemos cambiar; pero en beneficio de todos, no solo de unos pocos que por lo visto, resguardan sus propios intereses y el de sus agremiados, sin pensar realmente en su prójimo, porque no pueden imaginarse fuera de su estado de confort y menos aún en pro del bien común. Que por la experiencia en situ aquí en Costa Rica, es menos común de lo que aparenta ser, al igual que su identidad…

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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