
Por Luigi Rebecchi Pannelli
El gato es un felino sumamente limpio y muy cuidadoso en su higiene personal, por tanto está exento de multas porque cava un huequito en la tierra, deposita sus necesidades en el mismo y luego lo cubre con el montoncito de la madre tierra que con mucha delicadeza ha extraído; por antonomasia, es diferente a la vida privada; muy confortable, de su consanguíneo londinense; quien habita en la casa de gobierno y tiene su propio “Budget”.
La premisa se refiere a la costumbre endémica nacional de postergar la mayoría de los proyectos de los gobiernos de turno, un ejemplo; ahora resulta y tómese nota, antes del segundo debate; que el O.I.J., el Poder Judicial y el mismo SENASA están buscando las cinco patas al gato, para conseguir el dinero; para armar un reglamento y ejecutar a ¿futuro? la ley de protección a los animales, valga la redundancia; es proverbial la lentitud para llevar a cabo las realizaciones, a veces sencillas del gobierno, en contraposición con la prontitud innata de los costarricenses en ayudar al prójimo.
La iglesia del “Ara Coeli” (Araceli en castellano) con su kilométrica escalera al costado del Campidoglio de la “Ciudad Eterna” recibe muchos romeros al igual que los devotos de la Virgen de los Ángeles en Costa Rica, ojalá que la Patrona de todos los ticos se apiade y le ponga las pilas a los burócratas de una santa vez, amén.