La tregua electoral navideña

Imagen generada con IA.

En vísperas de la Navidad de 1914, en plena Primera Guerra Mundial, ocurrió un milagro breve pero conmovedor: soldados ingleses y alemanes dejaron sus respectivas trincheras, guardaron sus armas y, en medio de villancicos y faroles improvisados, se atrevieron a jugar un partido de fútbol entre ellos. Aquel impresionante y emotivo evento fue un ejemplo silencioso de que, incluso en situaciones extremas, existe un resplandor posible. La tregua nació del cansancio, sí, pero también de instintos más profundos, como el de recordar que antes que soldados eran hijos, hermanos, vecinos; eran seres humanos.

Cada diciembre antes de elecciones, Costa Rica experimenta también una tregua navideña que consiste en “bajar el volumen” del debate público: un respiro en medio de la contienda para primar los vínculos y la convivencia familiar, las tradiciones y todo aquello noble que nos hace seres humanos. Por unos días, los hogares se dedican por completo a ser hogares.

Ebenezer Scrooge, aquel avaro del Cuento de Navidad que al final descubre que la familia, la ternura y la bondad son esenciales en la búsqueda de la felicidad, nos recuerda que el espíritu navideño necesita defensa frente al ruido y al olvido de las prioridades.

La tregua electoral navideña funciona así: como un recordatorio de que, a pesar de las opiniones divergentes, en el fondo late un país que no quiere perder la capacidad de mirarse con afecto, de disfrutar la compañía de los otros, de cultivar las costumbres y rituales de la época que seguimos heredando a nuestros hijos, de darle espacio y pensamiento a lo que realmente importa en nuestras efímeras vidas.

Quiera Dios que, aun en medio de elecciones y de visiones enfrentadas, esa pausa electoral de la segunda quincena decembrina sea una oportunidad para todos de tomar aire, meditar y reconducir en enero la conversación nacional hacia las propuestas, el diálogo, las coincidencias, el respeto y la convicción de que todos somos del mismo equipo: el costarricense.

La tregua electoral navideña no es un silencio: es un tiempo de reflexión, muy oportuno para que, en el calor de familia, pensemos con el corazón sobre nuestro futuro y, con conciencia, tomemos las mejores decisiones, las que en febrero se traducirán en votos, como corresponde en una democracia madura.

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El autor es Licenciado en Derecho por la Universidad de Costa Rica, incorporado al Colegio de Abogados desde 2002, Máster en Administración de Tecnologías de Información con énfasis en Administración de Proyectos por la Universidad Nacional de Costa Rica.

Nota: Este texto refleja únicamente opiniones personales del autor sin fines político-partidarios y no compromete ni representa necesariamente la posición institucional del Tribunal Supremo de Elecciones.

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