La rivalidad silenciosa entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos en el Mar Rojo

» Por Bryan Acuña Obando - Máster en Diplomacia, profesor universitario y analista internacional.

Durante décadas ha existido una narrativa dominante sobre la geopolítica de Oriente Medio centralizándola solo en la “Guerra Fría” sectaria y estratégica entre la potencia suní, Arabia Saudita (administrador de los dos lugares más sagrados del islam), y la potencia chií, Irán. Esta rivalidad ha definido conflictos desde el Levante Mediterráneo hasta Irak, cruzando por la política y el control de Siria y, crucialmente, en la época actual en el contexto de división y política de Yemen.

En esta narrativa, las monarquías del Golfo, particularmente Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), han sido presentados como un bloque unificado frente a la expansión iraní y sus proxis, así contra los movimientos islamistas políticos sunitas influenciados por los Hermanos Musulmanes.

Sin embargo, se debe tomar en consideración que esto no es del todo cierto ya que se señala una fractura en la verdadera reconfiguración del poder en la península arábiga que no necesariamente proviene de Teherán, sino desde Abu Dabi ya que el gobierno de Riad, concentrado en la amenaza iraní en su frontera sur donde actúan las guerrillas de Ansar Allah (hutíes de Yemen) han descuidado su flanco marítimo y africano, permitiendo que haya una red de influencia impulsada por los Emiratos Árabes Unidos que ahora rodea efectivamente al territorio saudita.

Si bien no se plantea una enemistad entre ambos países, sino más bien una competencia entre aliados manifiestos por alcanzar la supremacía regional. Y de esta forma, mientras Arabia Saudita se impulsa por ser la potencia hegemónica terrestre y religiosa del mundo islámico, por su parte, los EAU, bajo el liderazgo de Mohamed bin Zayed (MBZ), han adoptado una estrategia que se podría considerar metafóricamente de “Pequeña Esparta”, donde pretenden construir un imperio marítimo comercial y militar que controle los puntos de estrangulamiento clave del comercio mundial, y donde el escenario de este choque de intereses se encuentre en el Mar Rojo y el Golfo de Adén.

Para poder comprender esta jugada del flanqueo emiratí, se debe comprender la hiperfocalización utilizada por el gobierno de Riad, ya que, desde la revolución islámica de 1979 en la hoy República Islámica de Irán, la política exterior del reino se ha dedicado a la contención. Es comprensible el comportamiento de Riad quien ve a Teherán como una amenaza existencial, una potencia revolucionaria que busca exportar su modelo y rodear al Reino a través del uso de grupos proxi.

Este temor se materializó con fuerza durante los años 2014 y 2015 en Yemen, cuando el movimiento hutí tomó la capital Saná y avanzó hacia el Sur. De esa forma, el gobierno saudita entró en crisis y tuvo que actuar porque en este enfoque, se estaría transformando en un Estado cliente de Irán y convertirse en una amenaza a sus intereses soberanos y seguridad.

Fue así como en el año 2015, el príncipe heredero del reino saudita, Mohammed Bin Salman (MBS) lanzó la operación “Tormenta Decisiva” y donde EAU fue uno de los socios más importantes para los sauditas en esta “aventura”, por lo que apoyó ser parte de la coalición. El objetivo inicial era restaurar el gobierno que tenía validez a nivel internacional y sacar a los hutíes de su control sobre el territorio.

Pero la situación evolucionó y se convirtió en una trampa para los saudíes, donde Riad invirtió una enorme cantidad de recursos económicos, militares y diplomáticos sobre el terreno en el Norte de Yemen que logró solamente impulsar una catástrofe humanitaria y daños a su imagen internacional. De esa manera, mientras la atención del mundo se encontraba sobre el príncipe heredero y en el apoyo de Teherán a las guerrillas de Ansar Allah, EAU llevaban adelante un plan distinto para el sur del país y las regiones circundantes.

Así, la estrategia de Abu Dabi no ha sido territorial, sino talasocrática es decir, buscando dominar las rutas marítimas, haciéndolo por medio de su gigante logístico DP World y por su política exterior militarizada buscando controlar las cadenas de suministro globales, de esta manera el objetivo primario sería dominar la ruta desde el Índico, cruzando el estrecho de Bab el Mandeb como punto crítico del comercio de petróleo y mercancías cruzar por el Mar Rojo y llegar hasta el Canal de Suez.

De este modo, quienes logren tener controlados los puertos y las costas en esta ruta, va a tener un espacio de influencia geoestratégico sumamente importante. Así, EAU aprovechó el caos y ha ido asegurando nodos críticos haciendo una jugada limpia, estableciendo bases militares, acuerdos comerciales y vínculos en un arco que rodea la península arábiga, en ocasiones incluso a expensas de los propios sauditas.

En esto se puede señalar la estrategia del flanqueo, aprovechando la fragmentación de Yemen que está causando su división nuevamente después de décadas de unidad, transformándolos en una clase de Yemen 2.0, siendo este un punto importante de fricción con los sauditas, ya que mientras el objetivo primario de Riad es unificar el país a través de un gobierno conforme a sus intereses, EAU mina los apoyos que se le pueda dar al partido Islah en Yemen, por su cercanía con los Hermanos Musulmanes y debido a esto, EAU han reforzado a combatientes locales en el sur yemení a los cuales se les ha conocido como las Fuerzas del Cinturón de Seguridad y también a las Élites Hadramíes, minoría árabe que tiene presencia también en Arabia Saudita pero que sufren alguna discriminación en este país.

Este grupo ha formado la columna del Consejo de Transición del Sur (CTS), grupo secesionista que pretende recrear el Estado de Yemen del Sur anterior a la unificación del país y en la época actual, EAU ha facilitado para permitir que el CTS controle Adén como capital provisional y expulsen incluso a los aliados de Riad.

De esta manera, de facto EAU tendría un control de facto de lugares importantes como el Puerto de Adén de gran significado para el comercio mundial, el archipiélago de Socotra creando bases militares y posicionándose de manera estratégica en esta zona de Yemen y también la Isla de Perim localizado en el estrecho de Bab el Mandeb para poder movilizar fuera aérea de ser necesario.

Transformando el Sur del Yemen en un proto Estado cliente del gobierno de Abu Dabi, se aseguran no solamente influencia en el Sur del Mar Rojo, sino que bloquea las intenciones saudíes de impulsar su propio Estado títere conforme a sus objetivos de política exterior, donde se pretendía controlar recursos estratégicos con salida hacia el Índico y poder dejar la dependencia del Estrecho de Ormuz que controla Irán y se ha convertido en punto de tensiones a lo largo de la historia.

Por otra parte, al otro lado del Golfo de Adén se encuentra el norte de Somalia donde tiene un posicionamiento estratégico, siendo esta la puerta de entrada al norte africano. La política emiratí replicando una estrategia de apoyos a aliados clave, impulsando acuerdos con regiones semiautónomas del norte somalí, contrarrestando en este caso la influencia que los gobiernos de Turquía y de Qatar realizan sobre el gobierno federal del país.

Han logrado, por ejemplo, acuerdos en Berbera (Somalilandia) y en Bosaso (Puntlandia), ambos territorios autodeclarados como independientes del gobierno de Mogadiscio aunque no reconocida internacionalmente y en ambos casos ha utilizado la inversión en infraestructura marítima incluyendo el desarrollo portuario fortalecido con la posibilidad de una base militar del gobierno de Abu Dabi dándole no solo control sino influencia económica, permitiéndoles tener controlado el ingreso al Mar Rojo desde Somalia y Yemen como ya fue mencionado.

Esta dinámica asegura que el movimiento por la zona del Mar Rojo deba obligue al paso por este corredor emiratí. De este modo, si los sauditas consideraban el cuerno africano como su esfera de influencia natural a través de la influencia religiosa y económica como estrategias de poder blando, con la inserción de fondos emiratíes, infraestructura y la incorporación del poder duro militar, para el gobierno de Riad es un duro despertar.

La tercera y última zona del análisis es quizás uno de los más volátiles en el contexto conflictivo de las regiones y además uno de los más recientes reciente, territorio de Sudán. Este país es trascendental porque posee una larga costa en el Mar Rojo central, incluido Port Sudan, que es vital para la economía de la región y una potencial salida alternativa para el petróleo.

En el contexto actual, Sudán está en medio de una devastadora guerra civil entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), lideradas por el general Abdel Fattah al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), liderada por el general Mohamed Hamdan Dagalo (Hemedti).

Cabe señalar que Egipto y Arabia Saudita históricamente han apoyado al gobierno formal sudanés como garante de la estabilidad, sin embargo, por cuestiones estratégicas y de alianzas, el gobierno de Abu Dabi ha apostado fuerte por Hemedti para asumir el poder en Darfur, ¿cómo se explica esto? La respuesta rápida es que Hemedti controla las minas de oro de Sudán, cuyo comercio pasa por Dubái.

Pero desde una perspectiva geoestratégica, si las fuerzas de Hemedti ganan la guerra o aseguran una partición del país, los EAU tendrían un aliado controlando el flanco occidental del Mar Rojo, intentando activamente avanzar hacia el este para tomar Port Sudan.

Si las RSF llegan a controlar la costa sudanesa, el flanqueo llegaría a consumarse ya que los EAU tendrían influencia decisiva en el sur de Yemen, el norte de Somalia y la costa de Sudán, envolviendo efectivamente las fronteras marítimas de Arabia Saudita e incluso consolidándose contra las amenazas de Irán para la región, por lo que esto explicaría lo poco que se habla del tema en ciertos ámbitos de la academia y del análisis de la zona.

Emiratos Árabes Unidos se encuentra construyendo una arquitectura de seguridad regional que limita las opciones saudíes, incluso enfriando las relaciones entre Mohamed Bin Salman y Mohamed Bin Zayed, obligando a Riad a realizar un intento tardío de Riad por recuperar el terreno perdido.

Aunque es importante señalar que este “cerco” emiratí no es un acto de guerra contra Arabia Saudita, sino una póliza de seguro a su propia geopolítica, para no ser dependientes del gobierno saudí, sino mostrando que ellos también tienen sus herramientas para ubicarse de manera estratégica conforme a sus propios intereses y que van más allá de un empoderamiento de tipo económico.

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