En primaria y secundaria se nos suele enseñar que en el siglo dieciséis, al momento de la conquista española, existía en lo que hoy llamamos Costa Rica una división del territorio en grupos sociales denominados Chorotegas, Brunkas y Huetares. Otras variantes de esta división incorporan otros nombres como los Corobicíes, Guatusos, Votos, Viceítas, Guaimíes, Borucas, Cotos y Quepos. Esta concepción fue propuesta por intelectuales costarricenses de finales del siglo diecinueve e inicios del siglo veinte. Al leer las crónicas de los conquistadores españoles, estos intelectuales interpretaron que esas eran las únicas poblaciones presentes en el siglo dieciséis y antes de dicho siglo. Además, asumieron que estos grupos sociales no habían cambiado nada o casi nada durante los siglos previos a la conquista española. Por eso es común que los costarricenses al visitar alguno de nuestros museos se pregunten “¿y esta pieza arqueológica quienes la hicieron? ¿los huetares, los chorotegas o los guamíes?”. Sin embargo, el objeto que se está observando en el museo podría haber sido creado varios siglos antes del siglo dieciséis.
Sin embargo, la investigación arqueológica y etnohistórica realizada en el país ha demostrado de que estas concepciones estaban equivocadas por dos razones principales. Primero, la evidencia actual apunta a que las sociedades indígenas en Costa Rica tuvieron múltiples formas de organización social a lo largo y ancho del territorio que hoy denominamos Costa Rica. Por lo tanto, la cantidad de grupos sociales distintos presentes en el siglo dieciséis podría haber sido de decenas, no solo unos cuantos. Segundo, estas sociedades cambiaron a lo largo de su historia antigua o precolombina. Es decir, no fueron sociedades estáticas o petrificadas en el tiempo, sufrieron cambios y transformaciones como cualquier otra sociedad. A continuación, pasaré explicar ambos elementos.
Los primeros pobladores, o pobladores originarios, del territorio de lo que hoy es Costa Rica vivían en pequeños campamentos, los cuales movían con cierta periodicidad, es decir, eran nómadas o seminómadas. Luego de muchos siglos, sus descendientes permanecían cada vez más en un mismo lugar y fueron construyendo viviendas en las que habitaban de manera permanente, es decir, se fueron sedentarizando. Sin embargo, algunos de estos grupos sociales se volvieron sedentarios mucho antes que otros. Por ejemplo, en el sector occidental del Valle Central, el proceso de permanencia residencial prolongada comenzó alrededor del año trescientos antes de Cristo, mientras que, en otras regiones de Costa Rica, por ejemplo, Tilarán, los arqueólogos han encontrado viviendas permanentes tan antiguas como el año mil antes de Cristo.
Por otra parte, después del año novecientos después de Cristo, en algunas zonas del Caribe, de Turrialba y del sector este del Valle Central la gente comenzó a vivir muy cerca unos de otros, formando aldeas. Algunas de estas aldeas fueron enormes y vivieron en ellas hasta mil individuos mientras que otras eran pequeñas de menos de cien personas. En otras regiones como, por ejemplo, algunos sectores de Pérez Zeledón y de La Cruz en Guanacaste, la gente vivió durante toda su historia antigua o precolombina en casas que estaban dispersas en el paisaje, casas que estaban alejadas unas de las otras. Por lo tanto, la interacción entre vecinos fue mucho menos frecuente que en las regiones en donde la gente vivía en aldeas.
En el ámbito político y económico, estas sociedades antiguas también variaban entre ellas. Algunas eran más desiguales que otras. Por ejemplo, a lo largo de su historia antigua, en las sociedades que habitaron la región entre Tilarán y La Fortuna existió muy poca diferencia en lo que las personas tenían acceso y poseían. Sus pobladores vivieron en caseríos o en aldeas autónomas. Es decir, los pobladores de estos sectores no parecen haber estado supeditados a los pobladores de otras aldeas durante la historia precolombina. En contraste, en otras regiones del país, los arqueólogos han encontrado importantes diferencias de rango y de prestigio entre individuos, entre familias y entre aldeas precolombinas. Esta desigualdad social se manifestó de múltiples maneras, por ejemplo, en casas más grandes que otras, en acceso diferencial a ciertos tipos de alimentos, a cerámica más decorada, a metates más decorados y a piedras y metales llamativos como lo son el jade y el oro.
Además, hoy sabemos que todas las sociedades antiguas o precolombinas cambiaron a lo largo de su historia. Y también sabemos que algunas cambiaron más y más rápidamente que otras. Por ejemplo, en la zona de Tilarán y en algunos otros sectores de Guanacaste, las poblaciones mantuvieron una forma de vida bastante estable. Estas poblaciones no parecen haber sufrido de cambio abruptos en su forma de vida a lo largo de miles de años. En contraste, en regiones de lo que hoy es Cartago, el Valle de Turrialba y en otros sectores de lo que hoy es Costa Rica hubo cambios políticos y económicos importantes en algunos momentos de su historia precolombina. En estas regiones, especialmente después del ochocientos después de Cristo surgieron desigualdades sociales que condujeron a jerarquías de aldeas. Algunas aldeas tenían mayor poder y control político y económico que otras y, por lo tanto, algunas aldeas eran subordinadas de otras. A estas jerarquías de aldeas los antropólogos y arqueólogos le llaman cacicazgos.
Los cacicazgos fueron formas jerárquicas de organización social que no solo surgieron en lo que hoy es Costa Rica, sino que aparecieron a lo largo y ancho del planeta. Entre el siglo quinto antes de Cristo y el siglo dieciséis después de Cristo los cacicazgos surgieron en múltiples regiones del mundo.
Con el surgimiento de los cacicazgos, dos cosas muy importantes ocurrieron, más o menos simultáneamente. Grupos humanos en un número de diferentes lugares se integraron en lo que podríamos llamar una sociedad única. Estas sociedades eran mucho más grandes que las aldeas autónomas en las que las personas vivían anteriormente. Además, los cacicazgos eran sociedades generalmente muy fuertemente jerarquizadas, esto quiere decir que algunas personas eran vistas como mejores que las demás desde el momento en que nacían. Los clanes de los caciques o jefes tenían prioridad política, así que sus hijos heredaban el puesto de sus padres. Por esta razón, en algunas partes del mundo, algunos cacicazgos se convirtieron en reinos, es decir en estados e imperios. De hecho, todos los estados antiguos (reinos) que surgieron de manera independiente (Mesopotamia, valle del Nilo, valle del Indo, China, costa Andina y centro de México) es decir, sin influencia de otros estados, surgieron de sociedades cacicales. No obstante, la mayoría de las sociedades cacicales permanecieron como tales hasta su conquista y fueron conquistados o absorbidos por los estados vecinos o se desagregaron en aldeas autónomas. Los últimos cacicazgos conocidos desaparecieron a finales del siglo diecinueve producto de la expansión de los estados y de conquistas imperiales.
Así, ahora podemos entender que el tipo de sociedad en la cual vivimos actualmente, sociedad estatal, tuvo su origen en sociedades antiguas que existieron en muchas partes del mundo, incluyendo lo que hoy es Costa Rica. La desigualdad político y económica y la especialización artesanal que inició en los cacicazgos solo fue aumentando cada vez más en los estados hasta llegar hasta nuestros días. Además, de los varios miles de años en que existieron cacicazgos en el planeta, solo de los últimos quinientos a mil años contamos con algunos datos escritos y solo para unas cuantas partes del mundo. Por esta razón, la investigación arqueológica es vital para seguir conociendo acerca del origen de nuestras sociedades.
Queda mucho por investigar y por conocer acerca de las sociedades que se desarrollaron en Costa Rica durante su historia más temprana, previo a la conquista europea. Sin embargo, para poder investigar estos pasajes de nuestra historia debemos de conservar la fuente del conocimiento: los restos arqueológicos. Por esta razón, en el próximo artículo hablaremos acerca de la importancia y necesidad de proteger y conservar nuestro patrimonio precolombino.