La recta final (y algunas curvas peligrosas)

» Por Robert F. Beers - Abogado Constitucionalista, Máster en Ciencias Políticas y Máster en Estudios Políticos Aplicados.

Siempre hemos dicho en este espacio que la carrera se gana en la última vuelta. Y aunque no nos estemos dando cuenta, ya llegamos a ella. No parece ser, sin embargo, una carrera reñida o siquiera apasionante. Ha estado llena de percances, aullidos, maullidos y poses, pero ausente de temas. El contenido programático ha sido raquítico, sin profundidad. El eje ha sido otro: lo emocional, lo visceral, lo hepático, la búsqueda de titulares altisonantes. Y una incapacidad casi patológica, por parte de la “oposición” (al menos la que recibe atención de una prensa muy venida a menos), de plantear siquiera un pedazo de visión propia, o una alternativa constructiva y viable.

Al menos la candidata oficialista, Laura Fernández, se ha ocupado de plantear la suya: mantener invariable el rumbo seguido desde la dramática elección del 2022. Confrontada en el tieso “debate” organizado por el TSE, su desempeño no fue tan desastroso como querían sus rivales, ni tan brillante como para dar por terminada la carrera. Sabía que necesitaba muy poco, como el equipo al que le basta un empate para avanzar, y termina ganando 1 a 0 con un autogol del oponente.

En cualquier competencia, los obligados a esforzarse son los rezagados, no el que se encuentra en ventaja. ¿Lo está Fernández? La respuesta es un rotundo sí; de lo contrario, no parecería tener una diana de tiro al blanco pintada en la espalda. Hasta las hostiles universidades públicas admiten que es la única candidatura que ha mantenido una tendencia creciente desde hace cinco meses. Aunque algunas encuestas “fantasmas” intentan vender la idea de que su porcentaje no es tan alto, que el número de indecisos equivale a la población de China y que no habrá abstencionismo porque hasta Juanito Mora va a votar, la evidencia más elocuente es la actitud de los rivales, algunos de los cuales literalmente sólo se dedican a intentar golpearla, sin otra cosa que decir. El problema es que, con esa estrategia, parecen un pelotón de fusilamiento formado en círculo. Y peor cuando todos repiten como pericos la cantaleta de que la democracia está en “peligro” si alguien obtiene mayoría por la vía democrática. ¿La democracia no era por definición el gobierno elegido por la mayoría? (Eso les pasa por no entender nunca que Costa Rica es una república, no una simple “democracia”).

Veamos, por ejemplo, el caso de Álvaro Ramos (PLN) y Ariel Robles (FA), dos candidaturas empeñadas en autodestruirse (y en aniquilarse mutuamente). Ramos perdió toda oportunidad desde mucho antes de su confusa aparición en “Pelando el Ojo”, y tampoco tuvo una salida sólida en el TSE, lo que lo indujo a desistir de varios debates venideros. Estancado desde hace meses cerca del 8% de apoyo, se desinfla lenta pero inexorablemente, pero sus desesperados coqueteos con la extrema izquierda le pegan sus “pulgas” también al Frente Amplio. En cuanto a Robles, nunca tuvo más que un respaldo testimonial, y la caída de Nicolás Maduro puso efectivamente punto final a su campaña. Sus frágiles modales no supieron disfrazar la plaga de contradicciones típica de cualquier “progre”, desde contar la historia de su padre emigrando, no a un paraíso “socialista” sino al capitalista EEUU, hasta tildar al presidente de dictador y, dos doritos después, proponer a Cuba como un país modelo. ¡Modelo de tiranía y miseria, será!

El espacio del TSE fue mejor aprovechado por Fabricio Alvarado, quien empleó a fondo sus dotes de comunicador para hablarle a la base que aún le queda, y para atestar también varios golpes a adversarios clave. Parece haber entendido, aunque un poco tarde quizá, que su verdadera guerra es por bajar a Ramos de su frágil “segundo lugar”. Le está costando, pero al PLN todavía lo tiene a tiro y le está recuperando terreno. Quizás, a pesar de los brindis prematuros, el CIEP y el IDESPO se equivocaron al dar a Nueva República por muerta antes de tiempo.

Porque lo hemos dicho antes (y no sólo durante esta campaña): algunas encuestadoras no buscan medir, sino inducir, valiéndose de su credibilidad institucional para impulsar una agenda propia (preseleccionando a los candidatos que más sirven a esta y “jugando de pared” con los medios de comunicación tradicionales para promoverlos). El mismo patrón lo vimos en 2022: el CIEP y el IDESPO alegremente inflaron a Lineth Saborío y a Villalta, subestimaron (otra vez) a Fabricio, y nunca detectaron las crecidas tardías de Eli Feinzaig y del hoy presidente Rodrigo Chaves. ¿Cómo es que siguen presentándose a sí mismas como el arquetipo de la seriedad?

Rara vez, sin embargo, una estrategia de este tipo era tan obvia y predecible como la que pusieron en marcha para sacar de la tumba al PAC bajo un disfraz más malo que el de Clark Kent. El guion es calcado del de una mala telenovela (sin mencionar que sus actuaciones son aún peores). Primero, usar su palabra fetiche (“Coalición”), pedir plata por SINPE fingiéndose necesitados, y luego gastar una millonada en actores, producción y publicidad (con los amiguis del TSE haciéndose los tontos y sin cobrarles lo que nos estafaron). Luego, a partir del 10 de enero, las publicaciones melodramáticas en redes sociales, donde militantes de toda la vida se pretenden hacer pasar por “indecisos” y escriben una larga “meditación” sobre su voto (ahora tienen ChatGPT para eso), llegando invariablemente a la conclusión de que su candidata es “la más preparada” y que Marie Curie se le hace a un lado, aunque nunca ha ocupado un puesto de responsabilidad y necesitaba 10 asesores pagados para que la ayudaran a no hacer nada. Luego algunas entrevistas zalameras en medios amigos (La Nación, La Teja, Teletica), y finalmente, esta semana o la próxima, la encuesta del CIEP o del IDESPO que (mediante el conveniente borrado de otras candidaturas) la ponga en tercer lugar y en empate estadístico con el anémico PLN. Con eso, la previsión era “ponerla de moda”, volverla “cool” e inducir una especie de estupidez y amnesia colectivas, a ver si con eso lograban asegurarle al menos la diputación, que es lo que realmente busca.

La venían ejecutando al pie de la letra con disciplina germánica… pero se les desarmó el naipe con la presentación ante el TSE. La “preparada” resultó floja, evasiva, redundante e insincera en sus respuestas, no logró ni tocar a la ausente Laura Fernández, y en cambio terminó como una piñata después de que su némesis Fabricio y otros dos candidatos menos conocidos (Marcos Rodríguez y el recalcitrante David Hernández) la enfrentaran sin ambigüedades con el esqueleto que mantiene guardado en el clóset (el insufrible gobierno de su esposo, y la sombra del nepotismo más desvergonzado). El desastre la hizo renunciar a debatir en dos medios, golpe fatal a su credibilidad después de haber pasado toda la campaña reclamando que debatieran con ella. Y por añadidura, al día siguiente vino el despliegue de pirotecnia verbal cortesía de José Aguilar Berrocal, el candidato del partido Avanza, quien a fuerza de energía y vigor captó la atención (y la imaginación) de un sector significativo de la audiencia, convirtiéndose en el fenómeno “cool” del momento, el “sabor del mes”… y dejando totalmente obsoleta a la candidata de la CAC alias PAC.

Lo de Aguilar no debía habernos sorprendido del todo. Hace un mes, mencionamos en este mismo espacio que había dos candidaturas “quijotescas” que podrían alterar el mapa electoral en enero: Fernando Zamora (PNG) o Aguilar. Zamora, caballeroso y erudito al fin, hizo una presentación decorosa en el TSE, pero no logró despertar el entusiasmo refrescante del aspirante de Avanza, que logró “saltar del pelotón” con su sonrisa de galán y su verbo vibrante. Todavía no tenemos mediciones que nos permitan conjeturar si esa curiosidad se va a traducir en intención de voto, al estilo del caso “Eli-Copter” en 2022, o si se quedará en mera anécdota; pero si hay algo cierto, es que un competidor de este calibre, con la mira en un futuro optimista, no anuncia nada bueno para candidaturas tan desgastadas y ancladas en un pasado desagradable como las de Ramos, Robles o Dobles, ni para otras tan crecientemente irrelevantes como Natalia Díaz (UP) y Juan Carlos Hidalgo (PUSC). Veremos si esta “Aguilar-manía” altera, ya sea fortaleciendo o debilitando, la marcha de Laura Fernández hacia una contundente victoria en primera ronda, algo que parece todavía muy probable a pesar del estado de negación de los moribundos rivales.

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