NO puedes servir a Dios y al dinero… Mateo 6:24
Recientemente, el Papa León XIV, se ha dirigido a la Conferencia Nacional de jóvenes católicos de los Estados Unidos con esta sentencia: “«Jesús también llama a sus discípulos a ser pacificadores, personas que construyen puentes en lugar de muros, personas que valoran el diálogo y la unidad en lugar de la división. Por favor, eviten usar categorías políticas para hablar de la fe. Hablen de la Iglesia. La Iglesia no pertenece a ningún partido político; más bien, ayuda a formar la conciencia.”
La Iglesia Católica ha sido prolija en abordar la cuestión social, muchísimo antes de que los teóricos marxistas y liberales plasmaran sus virulencias ideológicas en manuscritos y proclamas, siendo el culmen de la presencia eclesiástica, el Magisterio de León XIII.
Histórica y trepidante fue la relación Estado-Iglesia en el período liberal de nuestra nación, donde nuestros mas brillantes mandatarios, paralelamente al progreso material y social de la ciudadanía, impulsaban represiones ominosas contra el clero: expulsiones, expropiaciones, censuras…
La Segunda República testifica un escenario de cohabitación semi pacífica del poder político y eclesial.
Existen lapsos de paz y concordia, alterados alternativamente por acciones de la Iglesia en campos que, al parecer de los gobernantes, no es incumbencia clerical.
Casos concisos como la intervención abierta de obispos eméritos y curas en materia del Tratado de Libre Comercio, el silencio cómplice de la Conferencia Episcopal y parte del clero ante las políticas públicas del Partido Acción Ciudadana (PAC), en el gobierno de Carlos Alvarado, con temas sensibles como aborto, género, planteamientos educativos con rasgos sodomitas proyectados a la niñez, implementación de concurso ateo cubano en planes escolares, limitación de libertades y desacralización social entre otros aspectos, no fueron abordados con fuerza por la jerarquía católica-
En ese período oscuro, complaciente hacia un gobierno pragmático en la secularización, la grey católica sostuvo un mar de dudas e incertidumbre, donde incluso, sacerdotes que levantaban la voz contra las aberraciones supra indicadas, fueron acallados, arrinconados, sancionados, no por los políticos, sino, por la misma jerarquía.
El episodio mas reciente involucra al prelado Monseñor José Rafael Quirós Quirós. El enfrentamiento ha sido frontal contra el presidente de la República. Paradójicamente, la incomodidad de Monseñor estriba en asuntos terrenales. Una frecuencia de radio y televisión detona la ira santa.
El hagiógrafo atribuye a San Mateo poner en boca de Jesús la sentencia: “donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.
El corazón pastoral no puede estar en asuntos terrenales pues éstos mueren indefectiblemente. Y aquí es donde se agiganta la lección del Papa, al pedir que la Iglesia, emulando a Pablo, anuncie a Cristo y a este Crucificado. (1 Corintios 2:2)
La justicia social es imperante, y su paralelo principal pasa por la misión ineludible del gobernante en la tarea de extirpar privilegios odiosos, corrupción y mecanismos de control social que experimenten los ciudadanos.
Y, si algo he de reconocer en esta administración es que, al fin, se responde al clamor popular de embestir esas falencias socio políticas.
Es lamentable, doloroso e insano que, al igual que en la elección de Carlos Alvarado, se vaya a manosear nuestra fe con fines electorales. Ya lo vivimos, y la experiencia fue amarga, abriendo la puerta a una jauría de agnósticos, hedonistas, materialistas que hundieron su daga perniciosa en el mismo corazón de la patria.
No querría imaginar a mi Iglesia, volver a servir de alfombra para tales entuertos.