La “primavera” nicaragüense y la nueva Guerra Fría

» Por Mauricio Ramírez Núñez - Profesor de Relaciones Internacionales

Los hechos ocurridos estos días en nuestro país hermano, nos hacen un llamado a la reflexión profunda y a la mesura respecto a la forma en que abordamos los problemas políticos a lo interno de nuestras patrias. Esto, porque a pesar de que muchos no lo vean o entiendan así, no somos una isla completamente ajena de la realidad internacional, y que así como existe en el mundo de hoy una interdependencia económica producto de la globalización y lo que ella ha acarreado, de la misma forma sucede con los fenómenos geopolíticos globales. De ahí que podamos afirmar contundentemente, que el vuelo de una mariposa en Asia puede ocasionar un Tsunami en América, África  o Europa.

Centroamérica cuenta con una posición geográfica de gran valor estratégico para las grandes potencias que una vez más se encuentran rivalizando y luchando por el control de estas regiones, así como de otras partes del planeta. Hecho que siempre tuvieron en cuenta grandes figuras costarricenses como Don José Figueres Ferrer o Manuel Mora Valverde, a la hora de tomar decisiones políticas y actuar a lo interno del país, especialmente en aquella época de Guerra Fría, donde tanto la URSS como los EE.UU. miraban con recelo la dirección ideológica que tomarían las naciones en esta parte del mundo.

Don Manuel Mora, comprendía a Centroamérica y el Caribe Americano desde una perspectiva geopolítica de la siguiente manera: “Mediante declaraciones oficiales –y también con hechos concretos- los EE.UU. han demostrado que tienen un interés vital en el dominio de la zona del Caribe. El mar Caribe, dijo un militar yanqui, es la llave de los dos grandes océanos, el Atlántico y el Pacífico, y los EE.UU. consideran que estos dos océanos son sus fronteras marítimas. Además, por su anchura, Centroamérica es la mejor zona canalera del continente. Ahora bien, el control del mar Caribe hace necesario el control del istmo centroamericano”, discurso de 1964. Otra figura destacada y gran líder de la política latinoamericana, que desarrolló gran cariño y aprecio por Costa Rica, Don Juan Bosch, visualizaba al Caribe de América así: “El Caribe está entre los lugares de la tierra que han sido destinados por su posición geográfica y su naturaleza privilegiada para ser frontera de dos o más imperios. Ese destino lo ha hecho objeto de la codicia de los poderes más grandes de Occidente y teatro de la violencia desatada entre ellos”, 1969.

Esta breve pincelada respecto a cómo nos miran desde afuera otras naciones, nos permite hacer un acercamiento de interpretación a lo que ocurre actualmente en el istmo. Históricamente, Nicaragua fue un aliado de la antigua URSS, con la que tuvieron estrechas relaciones políticas y de cooperación durante el periodo de la revolución sandinista y todo el proceso de la lucha del pueblo por botar al dictador Somoza apoyado por los EE.UU. Panamá por su parte, aliado estratégico por razones militares y comerciales de esta potencia, nunca tuvo relaciones cercanas con la URSS, pero siempre estuvo en la mira en caso de un gran conflicto armado. Costa Rica por su parte, es un país base para la defensa canalera y además, cuenta con todas la condiciones para un canal seco, que de ser necesario, pueda levantarse con ayuda de unas cuantas tropas de ingenieros militares y de esta forma asegurar el libre flujo del comercio si por alguna razón estallara una crisis militar más aguda y pusiera en riesgo al Canal de Panamá.

Hoy, una vez más, nos topamos de frente con una coyuntura de Guerra Fría, contexto expresado con esas palabras por el propio Secretario General de la ONU, Antonio Guterres: “la Guerra Fría ha vuelto”. Es precisamente en esta coyuntura en el que se debe analizar la actual situación interna en Nicaragua. Las relaciones del presidente Ortega con Rusia en los últimos años han sido muy cercanas, tanto así que el 11 de julio de 2014, el presidente Vladimir Putin hizo una visita rápida por dicha nación, lanzando un mensaje muy claro a los EE.UU. que podría interpretarse como que, si ellos se van a meter en Ucrania, Siria y las periferias rusas, sea a través de la OTAN u otros medios, los  rusos también están dispuesto a hacerlo en América. Literalmente en una lógica del “ojo por ojo”.

La relación militar entre estos países ha sido estrecha y ha venido creciendo en los últimos años, basta recordar los 50 tanques T 72-B1 que Ortega compró a Rusia, además de cuatro lanchas patrulleras 14310 Mirazh y dos lanchas coheteras 1241.8 Molniya, así como aviones Yak-130, situación que evidentemente ha inquietado a los EE.UU. y el resto de países centroamericanos, según medios internacionales. La cooperación entre ambas naciones ha ido desde donación de trigo, taxis hasta autobuses y dinero para pymes. El almirante Kurt Tidd, jefe militar del Comando Sur de EE.UU. expresó que “Los rusos están llevando adelante una actitud inquietante, como lo es proveer de tanques de combate a Nicaragua, lo que impacta en la estabilidad de la región”. Expertos en el tema han planteado la posibilidad de que Rusia tenga interés en montar una pequeña base militar “disfrazada” en Nicaragua, ya que en Managua opera un centro de control de satélites de su sistema de posicionamiento global conocido como GLONASS (GPS ruso).

Todo lo anterior, hace pensar que nada sucede por casualidad y que si bien es cierto el detonante de la actual crisis en Nicaragua fueron las reformas al sistema de seguridad social que decretó Ortega, también se ha comprobado que el objetivo final de las manifestaciones no es sólo obligar a echar para atrás con las reformas, sino botar al gobierno, que como bien lo ha expresado el pueblo, traicionó la revolución, sus principios y se ha convertido en todo aquello por lo cual una vez combatieron y lucharon en contra. Lo característico de este tipo de levantamientos ciudadanos es que siempre nacen de causas justas, ya sean por casos de corrupción, abusos del poder o violaciones a los Derechos Humanos, lo que hace indefendible a quién es la cabeza del gobierno, realidad muy cómoda para quienes buscan hacer un viraje geopolítico del país. Así sucedió en otros países como Egipto 2011, Libia 2011, Ucrania 2014, por poner breves ejemplos.

Las grandes preguntas que debemos hacer producto de lo ocurrido en Nicaragua son: ¿Quién llegaría al poder tras una posible salida de Ortega? ¿Cuál será su afinidad geopolítica? ¿Replanteará las relaciones con Rusia o las mejorará con EE.UU. o China? ¿Es el escenario nicaragüense un teatro de la forma en que opera la nueva Guerra Fría en la que estamos? ¿Estaremos ante la presencia de un choque indirecto entre potencias como en otras latitudes? Es evidente que la ciudadanía está exigiendo respeto y democracia, es tiempo de un cambio político en Nicaragua, Ortega se convirtió en un Somoza y el pueblo quiere un cambio, pero, ¿qué vendrá para el destino de nuestros hermanos en el futuro cercano?

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