La política convertida en vanidad personal

» Por Luis Fernando Allen Forbes - Director ejecutivo Asociación Salvemos El Río Pacuare

El pueblo reclama un gobierno que defienda la economía productiva, el empleo y un Estado más humano; que sitúe la recuperación económica y la cohesión social como su objetivo principal; que mantenga el orden, es decir, que garantice el libre y pacífico ejercicio de los derechos y libertades.

Desde ahora debe proponerse la inmediata negociación y suscripción de un pacto de país para la recuperación económica, sanitaria y social entre fuerzas políticas, la administración pública y entidades de la sociedad civil, para recuperar la normalidad y trabajar para alcanzar los objetivos propuestos.

No obstante, el triunfo de la vanidad ha convertido la política, en un peligro latente. Hay hartazgo con la política o quizás empacho de tanta vanidad e incompetencia de nuestros políticos. Los costarricenses no somos rehenes de un puñado de ambiciosos frustrados, debemos despertar ya, el tiempo se agota.

Para los candidatos añejos que no aportan nada, estar en política, es por mero egocentrismo y vanidad, que lo han disfrazado de liderazgo, y se expresa a través de todos aquellos que buscan el poder solamente para acariciar su propia imagen.

Conscientes de ello, sabemos que todo personaje que se autoproclama enfáticamente como “lo-sé-todo / los todólogos, y los que se jactan de tener los contactos internacionales para que el país despegue”, solo están pavoneando; se podría decir, que están focalizados exclusivamente en alimentar su propia vanidad.

Subirse al caballo de la arrogancia, potencia la vanidad, embriagando el entendimiento y nublando las decisiones. Con la complejidad de los tiempos que corren, sanar el narcisismo en los dirigentes políticos de todos los tintes, en todos los ámbitos, en todos los niveles y en todo el mundo es uno de los mayores desafíos de una comunidad civilizada.

Nuestros políticos se dejan adular, y entre sus militantes abunda la adulación, el aplauso fácil y el mutuo elogio, que fácilmente se entrelazan. No es que debamos desconocer mezquinamente los méritos de tal o cual, pero sí desterrar todo lo que signifique estimular la vanidad del dirigente.

Una cosa es la sana admiración hacia el líder y otra el halago hipócrita que se hace casi siempre con propósitos calculados. Y el cálculo es un rasgo negativo igualmente repudiable y no fácil de detectar. Calculador es quien oculta su opinión, por ejemplo, para no disgustar al dirigente o quien se abstiene de opinar o contrariar con objetivos personales.

No es fácil gobernar, como tampoco es fácil llegar al gobierno. No obstante la vanidad de los políticos ha convertido la política en el hartazgo nacional porque observamos a los políticos haciendo discursos caracterizados por el vacío, falta de contenido o propósito.

Finalmente, para que no nos gobiernen personas con las características citadas, hay que saber elegirlos, y eso sólo puede conseguirse con una regeneración social basada en la educación y en reformas urgentes al establisment.

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