Diciembre suele asociarse con encuentros, celebraciones y cierres de ciclo. También es un tiempo en el que se acumulan presiones emocionales y económicas en muchos hogares y aumenta la exposición a conversaciones tensas en espacios presenciales y digitales.
Este año se suma un elemento de contexto que ayuda a entender parte del clima social: estamos a puertas de un proceso electoral y crece la circulación de mensajes en redes sociales. En ese escenario, la confrontación puede escalar con más facilidad y conviene cuidar el tono, la palabra y la información.
Desde el Colegio Profesional en Orientación (CPO) sostenemos que la paz social se construye y se cuida, principalmente, en lo cotidiano. Lo que decimos, lo que compartimos y lo que normalizamos en la casa, en la comunidad, en los centros educativos, en el trabajo y en redes sociales configura el clima social. Por eso, prevención, cuidado de vínculos y corresponsabilidad son herramientas concretas para proteger el bienestar y reducir riesgos en estas fechas.
La realidad nacional muestra factores que se potencian entre sí. Uno es la violencia asociada a disputas territoriales y criminalidad, con impacto directo en comunidades y en la vida diaria. Cuando la violencia se percibe cercana, aumenta la sensación de vulnerabilidad y aparecen respuestas defensivas que dificultan el diálogo y la cooperación.
Se suma una percepción sostenida de inseguridad que reduce la confianza interpersonal. Cuando la confianza baja, sube la reactividad: se responde con menos escucha y se pierde la capacidad de matizar.
Otro factor es la desinformación y el uso intensivo de redes sociales para amplificar mensajes emocionales. En momentos de mayor discusión pública, aumenta la circulación de contenidos diseñados para provocar miedo o enojo. El problema no es la diversidad de opiniones; es la presión por reaccionar rápido, sin verificar, y la tendencia a convertir desacuerdos en ataques. Esa dinámica se filtra en conversaciones del hogar y en la vida comunitaria.
También pesan tensiones socioeconómicas del cierre de año: endeudamiento, incertidumbre laboral, aumento de gastos y cansancio acumulado. Bajo estrés, el margen de tolerancia disminuye y es más probable que discusiones escalen. Identificar estos factores no es juzgar; es reconocer condiciones para orientar acciones preventivas y apoyos oportunos.
Finalmente, la exposición repetida a hechos violentos puede debilitar la respuesta solidaria. Cuando se reduce la reacción empática, se afecta el tejido de cuidado colectivo.
Ante este escenario, el CPO hace un llamado a una paz activa: una paz que se construye con decisiones diarias y con responsabilidad compartida…
En segundo lugar, fortalecer vínculos. Familia, comunidad y centros educativos funcionan como espacios protectores cuando existen acuerdos básicos: respeto, escucha, distribución solidaria de tareas, reconocimiento temprano de tensiones y disposición a pedir apoyo. En estas fechas, cuidar los encuentros implica planificar: horarios razonables, pausas acordadas y respeto por el descanso.
En tercer lugar, cuidar la información y el lenguaje en entornos digitales. Verificar antes de compartir, dudar de contenidos diseñados para provocar rabia o miedo, y evitar amplificar ataques contribuye a un entorno más seguro. La huella digital es real y afecta relaciones y salud mental.
En diciembre, autocuidado es prevención y es salud mental. Implica reconocer señales de saturación, sostener rutinas mínimas, descansar lo posible, moderar estímulos digitales y buscar espacios de calma. También implica límites sanos: respetar espacios personales, distribuir cargas con equidad, acordar cómo se conversará en momentos de tensión y pausar cuando sube el enojo.
El autocuidado también incluye pedir ayuda. Buscar acompañamiento profesional cuando se requiere es una medida de protección. En estas fechas, el duelo, la soledad y la presión económica pueden afectar el estado de ánimo.
En este contexto, las personas profesionales en Orientación, desde sus diversos ámbitos de desempeño, aportan a la prevención mediante metodologías de acompañamiento socioafectivo, fortalecimiento de habilidades para la vida, apoyo a proyectos de vida y trabajo con familias. Con método y presencia territorial, contribuyen a disminuir factores de riesgo, fortalecer vínculos y reconstruir confianza, en articulación con otras personas e instituciones.
Cuidar la paz en estas fechas es una tarea compartida. Empieza en lo cotidiano: en cómo nos hablamos, cómo ponemos límites, cómo usamos las redes sociales y cómo respondemos al estrés.
En este cierre de año, cada propósito que asumimos representa una oportunidad para fortalecer vínculos, cuidar el bienestar y promover una convivencia más respetuosa. Desde el Colegio de Profesionales en Orientación y desde el ejercicio responsable de la Orientación en todos sus ámbitos, reiteramos nuestro compromiso con la prevención, el cuidado de las personas y la construcción de una sociedad más justa y pacífica.
El CPO y todas las personas profesionales en Orientación deseamos a Costa Rica una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.