Costa Rica ha sabido construir su historia con base en decisiones valientes. Hoy, frente a un mundo cada vez más interconectado, se presenta una nueva oportunidad para seguir avanzando con determinación: la concreción de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Costa Rica e Israel.
Desde la Cámara de Comercio Costa Rica–Israel, que tengo el honor de presidir, vemos con entusiasmo y firme respaldo el proceso de negociación entre ambas naciones. No se trata de una relación comercial cualquiera. Hablamos de dos países que, con fortalezas distintas pero complementarias, pueden convertirse en aliados estratégicos de alto valor.
Israel se ha consolidado como un líder global en áreas clave para el desarrollo del siglo XXI: innovación, tecnología, ciberseguridad, biomedicina, agricultura de precisión. Costa Rica, por su parte, destaca por su estabilidad institucional, su talento humano calificado y su compromiso con la sostenibilidad. Juntos, podemos crear un espacio propicio para el crecimiento compartido.
Un TLC entre ambos países abriría caminos concretos hacia una economía más dinámica e inclusiva. Permitirá diversificar nuestros mercados, facilitando la entrada de productos costarricenses —agrícolas, agroindustriales, farmacéuticos y tecnológicos— a un mercado sofisticado y con alto poder adquisitivo. También impulsará la llegada de inversión israelí en sectores estratégicos como la tecnología, las energías limpias y la salud, generando nuevas oportunidades de empleo y transferencia de conocimiento.
La experiencia israelí en investigación y desarrollo puede ser una palanca extraordinaria para elevar nuestra productividad en ámbitos como la digitalización, la gestión del agua o la agricultura sostenible. No estamos ante una simple transacción económica, sino frente a una alianza con visión de futuro y valores compartidos: democracia, libertad e innovación.
Por eso, desde la Cámara de Comercio Costa Rica–Israel hacemos un llamado respetuoso pero decidido a los Gobiernos de Costa Rica e Israel para avanzar y culminar este proceso a la mayor brevedad posible. Un tratado como este no solo fortalecería nuestras relaciones bilaterales, sino que también enviaría un mensaje claro al mundo: estamos listos para construir el desarrollo desde la cooperación y el talento compartido.
Las oportunidades no esperan. Esta, sin duda, es una que no debemos dejar pasar.