La muerte silenciosa de la Feria de las Frutas en Orotina

La Feria Internacional de las Frutas no desapareció de un día para otro. Su muerte fue silenciosa. Año tras año se redujo, se debilitó y finalmente dejó de ser prioridad.

Y cuando una tradición histórica muere en silencio, no es casualidad: es consecuencia.

Durante décadas, Orotina fue sinónimo de fruta, identidad y encuentro nacional. La feria no era solo una actividad cultural; era un motor económico que beneficiaba a productores, comercio local, emprendedores, hoteles y transporte. Era posicionamiento territorial. Era marca cantonal.

Hoy solo quedan recuerdos.

El Partido Liberación Nacional ha gobernado Orotina durante años. Con ese tiempo y esa experiencia acumulada, resulta difícil aceptar que una tradición consolidada simplemente haya desaparecido. Cuando se gobierna por tanto tiempo, ya no hay margen para excusas.

Mientras municipalidades como la Municipalidad de San Ramón fortalecen festivales que compiten incluso con eventos históricos como las Fiestas de Zapote, en Orotina se instaló el discurso del “no se puede”.

Pero la gestión pública no consiste en explicar por qué algo no se puede hacer, sino en encontrar la forma responsable y transparente de hacerlo posible.

Como regidor, he presentado mociones y propuestas formales para que la Feria de las Frutas se retome bajo un esquema serio, planificado y sostenible, con reglas claras y participación amplia de sectores productivos y comunitarios. No se trata de improvisar ni de repetir errores; se trata de profesionalizar la organización y entender que la cultura también es desarrollo económico.

Sin embargo, cuando la visión institucional se limita a administrar lo inmediato, las oportunidades estratégicas se pierden.

La muerte silenciosa de la feria no solo representa la pérdida de una tradición. Representa el agotamiento de un modelo de gestión que dejó de proyectar a Orotina hacia el futuro.

El cantón tiene talento. Tiene productores, empresarios, gestores culturales y ciudadanos dispuestos a aportar. Lo que ha faltado es liderazgo integrador y planificación a mediano y largo plazo.

Orotina no necesita resignación. Necesita visión.

Necesita apertura. Necesita una nueva etapa.

Las tradiciones no mueren solas.

Se abandonan cuando quienes gobiernan pierden la capacidad de creer en ellas. Y todavía estamos a tiempo de recuperarla.

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