La moral política a la altura de los tiempos

» Por Patricia Villegas Álvarez - Diputada Partido Integración Nacional

El surco de Costa Rica pasa por el agotamiento de un período. Lo percibimos en el miedo de no pocas personas. Pero también vivimos el nacimiento de otra época. La verdad es el cambio. Cada día brilla el sol; le vemos surgir y acompañamos su puesta. Cada noche prospera con su luz nuestra luna. Su tamaño aumenta o disminuye como el ciclo de la vida.

Un nuevo tiempo nace del cultivo de una nacionalidad planetaria, donde el aire que respiramos se comparte con el vecino de otro país o de otro continente. Nos unimos o nos alejamos por creencias y su aceptación. Por costumbres y su respeto. Somos la cultura producida por la educación que damos a los pequeños. Abrazamos el amor de la familia y sus enseñanzas. El trabajo como complemento de nuestra existencia es el ideal. Un destino que llamamos: hogar. Aquí y en el más allá.

La gente como yo, camina por las calles sin identificar a los políticos como personas probas y ejemplo de moralidad. Es lo contrario. Siento pesar. Veo la cara de ustedes compañeras y de ustedes compañeros y les respeto porque no dudo de su noble vocación. Pero, de aquí mismo salen las palabras más soeces para referirse a los diputados o diputadas cuando nuestros caminos no convergen. La intolerancia tiene raíz profunda en la enseñanza de algunos y algunas.

Pregunto: ¿cómo legislar para educar a las niñas y los niños de la Patria si sus representantes no son ejemplo de tolerancia para discrepar pero más para coincidir?

Es difícil que un argumento sobre la educación dual y el bienestar de la juventud sea derribado por las imperfecciones o sencillez de la persona, de quien pone en discusión las ideas que buscan la prosperidad del sistema educativo y no del ego de la proponente. He defendido con honor las ideas. Nunca he levantado la voz contra las personas. La opinión ha sido por el sentir de la educación y nunca por elevar el ego frente otro compañero.

Hoy, nuestros compatriotas se debaten en otros estadios. La conversación está centrada en las enseñanzas que dejan el paso y sobretodo, por la salida del costarricense Keylor Navas del equipo de fútbol más famoso del mundo.

Deseo rescatar con crudeza lo dispensables que somos. Mañana no estamos en este mundo y no pasa nada. Pero el nombre que dejemos a la familia es la sucesión de mayor valía. De la ética, de la integridad, de los principios morales, del compromiso con el bienestar del mayor número, de la dedicación a las tareas de emprender rumbos de prosperidad y justicia para todas y todos los habitantes del país y del planeta. Esa es, la herencia que dejamos en este mundo.

Keylor Navas, nos enseña que, sin importar esa temporalidad, en la que nos desenvolvemos en el trabajo, como deportistas, gerentes, educadores, misceláneos, diputados o secretarias, sea cual fuere el puesto; aun cuando sepamos que no somos ni seremos indispensables, debemos mostrar ética en el quehacer, integridad moral en lo personal, compromiso en el trabajo, esfuerzo, constancia y dedicación en las labores que nos han sido confiadas durante un tiempo.

Este costarricense que permite que mis palabras brillen, fue sometido a grandes presiones desde su llegada al gran aparato comercial; menospreciado, humillado dentro y fuera del equipo, soportó campañas mediáticas negativas.

Una persona sin valores, sin ética y sin propósito de vida hubiera sucumbido. Él logra su cometido porque es educado en espíritu y su autoestima se manifiesta. No se victimizó. Quienes confiaron en él, no se equivocaron. No importa lo que los demás digan porque, simplemente fue consecuente. Cumplió con el deber de su destino.

Aprovecho para unir voz de respeto y admiración por la lección que nos deja ese joven que estudió y trabajó. Ese tico que elevó los valores de su familia, engrandeció la ética ciudadana del Puriscal y ennobleció la educación solidaria costarricense.

Debemos emular lo mejor del alma costarricense. Seamos viva expresión de las mejores cualidades humanas y forjemos un mejor destino para la Patria.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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