
Como muchos costarricenses, tengo preocupación por el candidato que vamos a elegir. Me indigna el odio e intolerancia que salpica en redes sociales y las mentiras que parecieran salir de uno u otro “bando”. Dicen que las tres grandes pasiones del tico son la política, la religión y el futbol, y – queramos o no – en esta campaña parece haberse unido las dos primeras.
El propósito de mis palabras no es hacer cambiar de opinión a nadie, sino intentar exponer la razón por la que – desde mi punto de vista – muchos han elegido votar por Fabricio. Talvez es un tema importante para mí, porque ser empático es uno de los valores que más aprecio en las personas. Entender el punto de vista de los demás sin prejuicios realmente me enriquece, y a veces me parece percibir que nos frustra cuando no sabemos porque los otros son “tan irresponsables” para darle el voto a cierto candidato.
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Creo que en los seguidores de Fabricio vamos a encontrar tres perfiles: 1. quienes se decantaron por él por el tema moral, 2. quienes se decantaron por él por desconfianza, insatisfacción o protesta al gobierno actual (sentimiento anti-PAC) y 3. quienes finalmente se sienten más satisfechos con su figura como candidato y/o propuestas. Permítame tratar de explicarlas.
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En el primer grupo de personas, están los que votaron y votarán por Fabricio por el tema moral. Para muchos, este tema sencillamente aplasta cualquier otro y es contundente a la hora de elegir por un candidato. La opinión consultiva de la corte obviamente fue el disparador. Por sus posturas contrastantes, catapultó a los dos actuales candidatos a ganar la primera ronda y sacó del juego a los que tenían posiciones más ambiguas.
¿Sería una norma moral “infringida” suficiente razón para rechazar a un candidato, aunque sus propuestas en otras áreas sean extraordinarias y maravillosas? Muchos piensan que no, pero muchísimos piensan que sí. No ahondemos por ahora si el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo es específicamente bueno o malo. Solo para comprender el punto de vista de quienes han elegido a Fabricio como su candidato, hagamos un ejercicio absurdo y preguntémonos: ¿Votaría usted por un candidato si el plan de gobierno dijera en un único punto que está bien “robar en ciertas ocasiones”? Yo creo que NO. Robar y el matrimonio igualitario para personas del mismo sexo no son para nada una misma cosa, pero para este grupo es una norma moral infringida. No importará cuan preparado parezca el candidato, cuan excelente sea el resto de sus propuestas, o cual prometedor sea su equipo, la respuesta seguiría siendo NO a votar por él y su proyecto.
Esto revela que la preparación y el plan de gobierno pasa a segundo plano cuando decides sobre una norma moral relevante en tu sistema de creencias. Entonces la verdadera cuestión es, si la norma moral que se puso en discusión es realmente mala, incorrecta o inmoral para no otorgarle un voto al candidato. ¿Cómo decidimos eso? Cada persona usa el mejor código moral que conoce (y mal haría si no lo hiciera así) para juzgar esta materia. Algunos aprendieron ese código moral de sus padres, otros alegan usar el sentido común, otros se sujetan simplemente a las leyes y cortes (como la CIDH) y otros lo aprendieron o asimilaron de la Biblia.
He oído o leído a mucha gente decir “…bueno está bien lo de Dios y todo eso, pero concentrémonos en los verdaderos problemas del país: déficit fiscal, seguridad, desempleo…”. O sea, para algunos los valores o creencias morales son un problema secundario o fantasía que no merece nuestra atención. El cristiano o conservador no piensa así, él prioriza la moral. También se ha dicho “una cosa es la religión y otra la política…”, pero como decía antes, cada quien elige de acuerdo a su código moral, y no suena muy consistente tener dos códigos morales, uno para elegir presidente y otro para todo lo demás.
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Sobre el segundo grupo de personas – quienes votan por Fabricio debido a disconformidad o como sentimiento de protesta contra del PAC, no hay mucho que decir ya que se entiende por sí solo y no es necesario ahondar en ello. Una vez oí una frase que decía “la política es de corta memoria” y realmente coincido. Sin embargo, cuando llegan las elecciones empiezan a aflorar las viejas noticias, argumentos y videos que exacerban el colectivo y dirigen el voto hacia una propuesta diferente. ¿Es eso peligroso? Si. De esta forma de pensar han surgido líderes como Chávez o Morales. Para usar un ejemplo local, candidatos como Juan Diego Castro se mostró como una opción anti-sistema, con declaraciones incendiarias y peligrosas.
Ahora, a pesar del peligro, ¿es eso incorrecto? Definitivamente no. Hace cuatro años la mayoría no quiso un gobierno más de Liberación Nacional debido a las malas experiencias en años anteriores. En ese tiempo fue absolutamente válido menospreciar su propuesta y darle la oportunidad a un partido sin experiencia en el poder. No importó si era una nueva propuesta de Johnny Araya y no de Laura Chinchilla. Darle el voto al PLN significaba la continuidad de un pensamiento ideológico, políticas y tácitamente premiar con cuatro años más la inoperancia de un partido. La tolerancia del electorado es muchísimo menor ahora. Un plan de gobierno “brillante” no hace gran diferencia, porque sea como sea no hay garantías de que vayan a cumplirlo.
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En el tercer grupo de votantes tenemos a quienes sienten más satisfacción con Fabricio como candidato y/o sus propuestas. Sobre este tema hay mucha tela que cortar. Estoy convencido que el candidato nunca se esperó llegar tan lejos y su partido no se esmeró al principio en esbozar un plan de gobierno detallado. Supongo que algunos se tiran como candidatos para ver al final “cuantos diputados agarran” y ese debió haber sido el caso de Fabricio.
Sin embargo, una vez que los reflectores apuntaron hacia él, encontramos un candidato que era señalado como serio y profesional durante su trabajo en la Asamblea (recordar las declaraciones de Otton Solís). También parecía contar con la simpatía de muchos (ver las opiniones de todos los demás candidatos en los distintos debates antes de la primera vuelta). Al sentirse su inminente victoria en la primera vuelta, la mayor critica de sus contrincantes fue “¿dónde está su equipo?” (lo que parecía injusto exigir porque nunca se le había pedido a un candidato que presentara a su equipo tan prematuramente, y – dicho sea de paso – nadie más lo hizo). Para responder a esa pregunta, Fabricio logró amalgamar excelentes figuras y profesionales, así como adherir a su movimiento ex-candidatos o importantes figuras de partidos como PLN, PUSC, PIN, Alianza Demócrata, Nueva Generación, Republicano, PASE y Movimiento Libertario. Presentó equipos de trabajo en seguridad, economía, comercio exterior, infraestructura, política exterior y juventud. Decir que toda esta gente se unió y todos estos equipos se conformaron para “ver que agarran” es definitivamente ser mezquino y un poco cínico (“…si se unen a mi es por el bien de la patria, si se unen al otro es para ver como se aprovechan o agarran un puesto…”).
Desde el punto de vista de muchos, Fabricio ha mostrado capacidad de negociación, empatía y humildad. Parece haber ido madurando las ideas durante el paso de la campaña y según han confirmado varios, están afinando su programa de gobierno (lo cual continúa siendo su mayor debilidad). No habla inglés, y mucho menos francés – ¿hablará Mujica inglés? – pero eso parece ponerlo justamente al nivel de muchos, con un origen más humilde y aterrizado con la mayoría. Como dije, en este punto hay mucha tela que cortar y todo el espacio del mundo para diferir, ya que, por supuesto Carlos tiene muchas virtudes: un plan de gobierno denso, un gran orden en las ideas y mucho mejor formación académica. Mucha gente compagina más con su ideología, y eso también está bien.
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En conclusión, escribo todo esto con el fin de dar luz sobre las razones que han dirigido a buena parte del electorado hacia Fabricio. No es cierto que sean puros fanáticos irracionales – aunque en ambos grupos los hay. Tampoco es cierto que la mayoría son fundamentalistas o desconectados de la realidad del país. Muchos son intelectuales, preparados, inteligentes y conscientes de la realidad nacional, pero en esta coyuntura especifica han priorizado lo moral, espiritual y el desprecio contra la corrupción por encima de lo demás.
En una democracia sólida cada individuo tiene libertad para razonar y ejercer el voto de acuerdo con lo que dictamine su conciencia, priorizando lo que considera más importante y sin pena de ser ridiculizado o tratado como irresponsable. Nadie debería recriminarlos por eso ni concebirse superior intelectualmente solo porque no comparte el mismo sistema de valores y creencias.
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Descansemos con tranquilidad de saber, que después del primero de Abril la vida continuará su curso y no será el fin del mundo. El problema es habernos permitido llegar al punto en donde “quemamos los puentes” que nos unían con conocidos, amigos y familiares por una cosa tan pasajera como la política. Reconstruir esos puentes tomará mucho más tiempo, y en algunos casos no será posible.
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