
La izquierda no es suficiente, pero sin ella ningún esfuerzo por alcanzar una ruta política que dignifique a las personas, será duradera. En Latinoamérica las fuerzas de izquierda se perfilan de diversas maneras, la mejor de las muestras son los denominados socialismos democráticos, estos están demostrando que es posible una ruta progresista arraigada en una base social, de modo que el partido político no llega solo al poder, sino que se configura como la herramienta de un pueblo con conciencia profunda que ya es poder en las calles, en las alamedas, en los barrios, en las redes sociales.
Frente a la desgastada lógica que se ha concentrado en desmantelar los Estados y convertir los países latinoamericanos en inquilinos de sus tierras, durante los últimos años se ha venido gestando en forma de oleadas una serie de proyectos de justicia social abanderados por las fuerzas de izquierda, socialismos y progresismos de diferente base. Estas oleadas han permitido la instauración de gobiernos duraderos en algunos casos y temporales en otros, sobre los temporales se logra distinguir una evolución en las prácticas que ha llevado a perfilar un socialismo de la nueva época, que se revela en los recientes gobiernos de México, Bolivia, Argentina, Honduras y Chile.
El Socialismo de Nueva Época deja de lado la radicalización, apela al diálogo y a la construcción colectiva, afirma la libertad de prensa y anima las herramientas tecnológicas para la libre expresión. Este Socialismo Democrático, quiere profundizar la democracia para que sea el pueblo, en su diario vivir el principal actor de su destino. El socialismo de la nueva época necesita un nuevo nombre, pues en su corazón, abraza la ruta ecologista, la lucha feminista, la lucha anticapitalista, la solidaridad internacional, la nueva economía mixta social de mercado, la educación liberadora y emancipadora, la autonomía de los pueblos originarios, el diálogo intercultural. Esta nueva gramática para la política de la esperanza que dignifica la redistribución de trabajos, riquezas y cuidados se está forjando.
La campaña del miedo que tiempo atrás floreció, hoy esta marchita, son ahora estériles las frases repetitivas que intentan opacar la luz de la esperanza, esta política de la esperanza es un corazón joven que no se apaga, ningún corazón envejece mientras esté orientado por la justicia. SI algo nos ha dejado claro la pandemia, es que solamente los Estados fuertes, institucionalmente, con autonomía en alimentación y salud, con espíritu solidario, son capaces de brindar oportunidades y alternativas a las personas; porque al final de cuentas, la política se dirige a la dignificación de la vida, de qué sirve el mercado sin personas, de qué sirven las criptomonedas sin agua.
Lo que por mucho tiempo se ha llamado izquierda, en diversos proyectos políticos socialistas, se encamina a la consolidación de una propuesta democrática, dialógica, intercultural, de refundación de las estructuras institucionales para la planificación de estrategias que permitan una ruta de bienestar para todas y todos. Costa Rica tiene las características sociales para mover los hilos de la historia, es quizás la hora del socialismo a la tica, del socialismo democrático, donde nadie se quede atrás, pues se revela un horizonte de esperanza.
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