La huelga

La huelga es la única medida de presión que conocen los líderes sindicales, la última; tanto para variar, perjudicó a los que menos tienen, además de carecer de sentido común, responsabilidad y al final resultó “fuera de tiesto”, porque exigir la eliminación de casi la totalidad de la Reforma Fiscal no tiene nombre y; los bloqueos son delitos comunes penados por ley, muchas veces tardía en la ejecución de las sentencias, huelgan más comentarios al respecto. Sin embargo queda todo lo que deberían haber hecho, desde tiempos inmemorables y no lo hicieron los sindicatos, a saber: 1) la equiparación de los salarios de las mujeres con los de los hombres en los mismos trabajos; 2) el aumento salarial periódico, miserable, que el gobierno de turno decreta “manu militari” y que los representantes de los gremios, apenas se oponen y no pasa nada; 3) la pensión mínima y la no contributiva de la CCSS, que deberían equipararse a un salario mínimo, para darle al menos una contribución decente a los ciudadanos de oro para que vivan un poco mejor, pasan lejos de la atención sindical y acaban, sin pena ni gloria; al igual que han callado y nunca se han opuesto a las pensiones de lujo y los salarios exorbitantes de algunos funcionarios públicos.  4) exigir un fideicomiso legal con el fin de evitar cuando una empresa quiebra y deja a sus trabajadores sin las prestaciones de ley, ¿no es  un problema, gremial?; 5) UBER es una multinacional cuestionada y prepotente, cuyos choferes son explotados (sin garantías sociales), sin que los sindicatos intervengan y; a propósito de los taxis, ¿qué pasó con los porteadores cuya obligación legal es trasladar a los pasajeros previo contrato? Todo el mundo sabe que suben a cualquier persona que pasa por la calle, sin embargo nadie de los que deberían reclamar lo hizo; 6) nadie en su sano juicio, entiende los topes de cesantía, porque la lógica, elemental y pedestre, reza que una o un trabajador debería recibir la cesantía completa, exactamente por todos los años trabajados, por tanto en lugar de los controversiales y “políticos” cortes y recortes, a los sindicalistas nunca se les ocurrió proponer un posible cambio en la ley del trabajo tendiente a solucionar el entuerto, que podría ser algo parecido a las cotizaciones de las pensiones. Concluimos que los sindicatos deben existir pues es un derecho que asiste a todos los trabajadores, por eso los vetustos líderes sindicales del País, deberían ceder el paso a unos jóvenes, cuya política sindical, fuera acorde al buen sentido, a la realidad y a los tiempos actuales, porque Costa Rica lo necesita, lo exige y lo merece.

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