
Jesucristo es nuestra esperanza y nuestra paz (cfr. Ef. 2,14).
Como pastor de la Iglesia, lamento profundamente la aprobación de la norma técnica del aborto, hecha pública y ya firmada este jueves 12 de diciembre de 2019, por el presidente de la República, Carlos Alvarado y, el Ministro de Salud, Daniel Salas. Con mucho dolor, hay que decirlo, el país, en los últimos años, ha venido abriendo la puerta a la cultura de la muerte.
Deploro el silencio y el hermetismo con que se ha manejado el planteamiento y la elaboración de esta norma desde el Poder Ejecutivo, de espaldas al pueblo y lejos de la transparencia con la que se debió haber tratado este tema de indiscutible interés común y trascendencia histórica, no solo por las implicaciones presentes de lo aprobado, sino por lo que podría venir en el futuro.
Sin embargo, somos gente de fe y esperanza. Por ello, la Iglesia cree y seguirá predicando el Evangelio de la vida, porque esa su misión confiada por el mismo Jesucristo, y a la cual debe ser fiel hasta el final de los tiempos.
Pongo en manos de Dios a Costa Rica y apelo a la conciencia de los profesionales en la salud para que defiendan la vida.
Asimismo, exhorto a los católicos y a las personas de buena voluntad, para que defendamos la vida desde su concepción hasta su muerte natural, según nuestros principios, valores y creencias.
La esperanza no defrauda, porque Jesucristo está con nosotros hoy y siempre. En Él depositamos el destino de Costa Rica, más allá de modas, leyes o ideologías extrañas que atacan nuestros valores morales, religiosos e idiosincráticos.
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