
Costa Rica se prepara para enseñarle al mundo, el próximo domingo, como vota la democracia más longeva de América Latina. Podemos tener depositada toda nuestra confianza en el Tribunal Supremo de Elecciones, porque sabemos que la voluntad ciudadana será respetada, sea cual sea el resultado. Aquí no debemos preocuparnos porque fuerzas armadas irrumpan el mandato popular. En nuestro país las familias son quienes custodian el material electoral y no los militares, como en otros países. Sin embargo a pocos días de celebrar nuestra fiesta democrática, la balanza electoral parece inclinarse hacia rumbos desconocidos, y ésta próxima elección será la más arriesgada de toda nuestra histórica democracia.
La oferta electoral nos presenta dos extremismos. Por un lado tenemos la opción populista, ocurrente y autoritaria que plantea llegar a la silla presidencial y hacer, cómo diríamos popularmente, “lo que le dé la gana”, irrespetando el orden constitucional y la separación de poderes. Y por otro lado tenemos el extremismo fundamentalista religioso que plantea avanzar hacia una estado teocrático con una sola propuesta: salirse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Ambos son igual de peligrosos y arriesgados porque comprometen la estabilidad democrática, económica y financiera del país. Ambos representan un retroceso institucional porque, mientras uno amenaza con limitar la libertad democrática y de expresión, el otro manipula las creencias religiosas a su favor para poner a una parte de la población en contra de la otra. Quizá menos numerosa, pero igual de importante.
Costa Rica ha sido reconocida mundialmente por tener el sistema democrático más sólido. También es Costa Rica sinónimo de libertad, paz y derechos humanos. Sin embargo nuestra democracia y nuestro prestigio internacional, lejos de ser indestructible, está más vulnerable que nunca.
A quién asuma la Presidencia de la República el próximo 8 de mayo, le tocará gobernar sobre una verdadera encrucijada. Le tocará negociar con una Asamblea Legislativa más fragmentada que la actual. Y como si eso no fuera difícil, le tocará resolver temas de alta importancia como el déficit fiscal, ordenar las finanzas públicas, problemas de infraestructura y congestión vial, atraer mayor inversión extranjera, generar empleo, atender la pobreza, entre muchas otras cosas. Por lo cual, el próximo Presidente deberá tener la habilidad de negociación y de buen diálogo. Deberá tener sobrada experiencia para dirigir la cosa pública, además de tener el liderazgo que sólo se adquiere con años de conocerla. Deberá además ser un Presidente para todos y todas. Fiel a sus convicciones pero respetuoso de los derechos humanos y de los organismos internacionales.
La primera magistratura no puede ser ocupada ni por un populista, ni por un fundamentalista religioso que pretende gobernarnos. Tampoco por la inexperiencia. Es por eso que nuestro voto debe ir dirigido hacia una opción seria y responsable; con propuestas claras y realizables; con la experiencia y el equipo para gobernar.
Mi voto será por el partido que nació al revelarse en armas por defender la pureza del sufragio. Por el partido que parió las grandes instituciones de las cuales hoy los costarricenses nos sentimos tan orgullosos. Por el partido que siempre se ha preocupado por el costarricense más humilde y la madre más desprotegida. Será por el candidato que tiene sobrada experiencia tanto en la función pública como en la privada. Con la capacidad de generar acuerdos y de poner a distintas fuerzas políticas a trabajar por el bienestar de toda una nación. ¡Mi voto será por la estabilidad de Costa Rica!
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