La comunicación jamás será una dictadura en Costa Rica, pues no pudo serlo ni en los países con las más sangrientas dictaduras, tanto en el Cono Sur como en los otros países del continente.
Estamos ante el peor acto de denigración de este gobierno y de su Director de Comunicación, Boris Ramírez, en contra de una periodista de un medio alternativo de comunicación.
Si dejamos pasar el “incidente” ocurrido en Casa Presidencial con esta colega, esperemos atropellos peores más a menudo de lo nunca antes acontecido.
Amigos y amigas, lo último que podría imaginarme que ocurriría en la disciplina de la COMUNICACIÓN es que aparecería un “aprendiz de dictador de la comunicación”, que tira por la borda sus propias convicciones y asume el rol del “censurador”, propio del siglo XVIII (1750-1790) cuando se gestó, precisamente, el principio de la lucha por la libertad de expresión y que hizo florecer el concepto de la prensa como el IV PODER.
Debo decir con pesar, a menos que el Jefe de Comunicación de Casa Presidencial demuestre lo contrario, que un componente de la más alta prioridad de todo gobierno, LA COMUNICACIÓN está en manos equivocadas.
Nunca, ni en los mejores tiempos del III Reich cuando la propaganda estaba en las manos dictatoriales de Goëbels , la comunicación integral y absoluta pudo imponerse por la fuerza. Entre más se empecinaban, más grupos clandestinos se le oponían.
Y es que, para alcanzar el éxito en la comunicación recurrimos a las armas inherentes en cada individuo, como la capacidad de expresión (retórica), las experiencias alcanzadas en el quehacer cotidiano, las cualidades físicas, la educación formal y cultural, estimuladas en el círculo del hogar, junto con la transmisión de principios éticos que remiten a una condición de clase (estatus). Sumémosle las actitudes y aptitudes persuasivas heredadas unas, construidas socialmente las otras desde nuestra más tierna infancia.
Es decir, la COMUNICACIÓN es persuasión, nunca dominación. Es tan libre y natural en el ser humano; y particularmente en Costa Rica, país en el que estamos convencidos sobre su libre acceso, que cualquier intento de amordazarla provoca la reacción generalizada del pueblo.
Sin la menor duda. Quienes escogimos como vocación la comunicación y ejercimos de alguna forma el periodismo, no podemos guardar silencio ante el incidente, atropello más bien, provocado por la Dirección de Comunicación de Casa Presidencial, entrampando a una colega periodista hasta llevarla al recinto de la jaula de tortura psicológica “en el peor estilo de las series policíacas”.
El problema de darle poder a quien nunca lo ha tenido es que este personaje se transforma en lo que lleva en su fuero interno.
Y si tenemos dictadores en potencia desde la Dirección de la Comunicación y de la Dirección Jurídica, ni siquiera imagine lo que podría acontecer en este país, si guardamos silencio, o situamos en el plano anecdótico, hechos como los aquí denunciados.
* Periodista
