La Asamblea

» Por Esteban J. Beltrán Ulate – Profesor esbeltran@yandex.com

La Asamblea Legislativa es el lugar donde se deberían encontrar representadas las ideas y proyectos nacionales, claro, como un espacio de tensiones y acuerdos, como un escenario de confrontación y concordia. Es quizás un ideal, pero no puedo evitar el viaje que siendo estudiante del Kinder Flora Chacón tuve, de la mano de mi maestra, conociendo de primera mano las viejas curules. Ahí, en lo más tierno de mi infancia, aprendí que el pueblo se podía reflejar en un salón, para forjar las condiciones necesarias para un bienestar.

El tiempo pasa, pero los ideales, que son pilares de nuestra República, encuentran eco aún en algunos ciudadanos y ciudadanas. Incluso, a pesar de la condición de desgracia que deriva de las deficientes prácticas de algunas personas que han ostentado un puesto de elección popular. El problema no es la política, el problema es cuando algunos bajo pretexto de política, asumen puestos para favorecerse a sí mismos y a sus selectos grupos.

La corrupción es producto de la mala inclinación humana, y se manifiesta en diferentes ámbitos, donde la esfera institucional de la política no se excluye, sin embargo, la imposibilidad de anularla no es condición necesaria para aceptarla y mucho menos normalizarla. La Asamblea Legislativa podrá cambiar cuantas veces de fachada que, si en su estructura interna no se transforma, seguirá posibilitando un escenario para sostener prácticas de hecho, normalizadas.

La Asamblea Legislativa no debe ser una pasarela, ni un espacio fino para las reuniones burguesas. La Asamblea debe ser el taller de nuestro presente y futuro. Se pueden distinguir algunos esfuerzos que se han emitido por algunos diputados y diputadas por extinguir los beneficios y prácticas que muchas personas de los pueblos reclaman. Pero aún no es suficiente.

La tarea de los partidos políticos que plantean una ruta alternativa y transformadora de trabajo desde la esfera del poder legislativo, debe asumir como primer tarea el compromiso y la afirmación de principios con el pueblo que más sufre, esto implica de primer plano, suprimir todo beneficio que no sea condición necesaria para la labor encomendada: disminución de salario, disminución de asesores, rechazo a los beneficios telefónicos y de gasolina que no sean necesarios para el ejercicio de tareas especificas comprobadas.

La Asamblea como lugar de encuentro debe ser el espacio abierto para el pueblo en diálogo diáfano, no para el monólogo vanidoso del diputado, ni fondo para el selfie del asesor o el escenario para el baile de tiktok. La Asamblea no debe ser una fortaleza para el resguardo, la asamblea no debe tener puertas ni ventanas, pues es el pueblo en pleno que se reúne, con sus diferencias para planear y construir una agenda para el bienestar de nuestras generaciones.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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