Juramento ante las futuras madres

» Por Patricia Villegas Álvarez - Diputada Partido Integración Nacional

La sociedad y la ley costarricense, desde la promulgación del código penal, estableció que el aborto es un delito. En el capítulo respectivo de esta compilación se estipulan las circunstancias en que, el aborto es admitido como forma de protección de la vida de la madre. Se inscribe en el artículo 121 del código en mención. Instituyeron los legisladores que el aborto es una transgresión a la vida y que debe ser sancionada. Excepción a la regla es cuando la sobrevivencia de la mamá está de por medio.

Un grupo de personas de pensamiento extremo o, debería decir sin pensamiento y actitud excesiva, pretenden impulsar una regulación para la muerte bajo el nombre de terapéutico. Pero terapéutico implica sanación. No es fin a la vida, sino que es la recuperación de la existencia.

El aborto implica dos vidas físicas. Madre e hija o hijo. También la agonía y caída de otras personas. De sus culpas y lamentaciones para el resto de sus días.

La vida me bendijo como mujer. Ser hija de una gran mujer y de un maravilloso padre. He tenido la dicha de vivir en familia. Para mayor fortuna he sido madre de una mujer y de un hombre. Con ellos y su papá formamos un hogar.

La mayor riqueza que hoy disfruto es vivir la alegría de ser madre de una futura madre. Mi hija será mamá de una niña. No puedo imaginar que esa felicidad pudiese ser arrebatada a mujeres que, como ella, recibirán por medio de la agitación social las consignas de muerte “per se”. La apertura de ventanas de defunción puede dar al traste, a nuestra forma de convivencia amorosa.

Las costarricenses vivimos el amor. No promovemos el odio ni aceptamos los atropellos de personas que violentan la vida de las mujeres. Esos opresores merecen el castigo social y la penal que la justicia les confiere. Pero no es vulnerando un derecho como vamos a proteger otro. Es respetando la vida. Es venerando la vida por nacer. Es adorando al futuro y nunca, siquiera pensar en matar el porvenir.

He firmado la nota al presidente Carlos Alvarado, en que le solicitamos respetar la vida. Es un llamado a que la norma terapéutica que un pequeño grupo de personas que votó por él, le piden que proponga al país, no sea para legalizar la muerte de las personas no nacidas. Es nuestra apreciación que ese criterio no debe ni puede transgredir el sentimiento de la mayoría de los compatriotas que estamos en contra del aborto.

El sentir del pueblo y la legalidad que rige a la gran familia costarricense es “provida”.

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