Hay momentos en la política en los que un apellido deja de sonar extraño y empieza a pesar. Jose Aguilar Berrocal parece estar viviendo justamente ese tránsito. De ser un nombre más en la papeleta, hoy se instala como tendencia, como conversación, como incógnita. Y en política, la incógnita siempre es peligrosa… pero también profundamente atractiva.
Cuatro días de debates han sido suficientes para mover el tablero. No porque Aguilar haya arrasado sin discusión, sino porque logró algo todavía más valioso: despertar curiosidad. En un escenario saturado de discursos previsibles, la simple capacidad de generar preguntas ya es una forma de victoria. ¿Quién es realmente? ¿Qué tan sólido es su plan? ¿Es una moda digital o una alternativa real?
La posibilidad de una segunda ronda frente a Laura Fernández no es menor. Representaría un choque entre lo conocido y lo emergente, entre la experiencia que promete estabilidad y la novedad que promete cambio. Y en ese cruce, el electorado suele dividirse no solo por ideas, sino por emociones: esperanza, cansancio, expectativa.
Personalmente, lo que me llevó a leer el plan de gobierno de Jose Aguilar no fue una frase brillante ni una polémica viral, sino la sensación de que estaba hablando desde un lugar distinto. No perfecto, no definitivo, pero distinto. En tiempos donde muchos candidatos repiten fórmulas, ese matiz se vuelve valioso. Hay propuestas que convencen más que otras, hay vacíos que todavía deben aclararse, pero también hay una narrativa que intenta conectar con una generación que ya no se conforma con promesas abstractas.
Eso no significa que Aguilar Berrocal sea, por sí mismo, la respuesta. Significa que representa una pregunta abierta. Y la democracia vive precisamente de esas preguntas.
Lo interesante no es solo si dará la sorpresa, sino qué dice de nosotros como electores el hecho de que queramos que la dé. Tal vez estamos buscando renovación, tal vez estamos cansados de los mismos rostros, o tal vez simplemente queremos creer que todavía es posible que alguien “nuevo” cambie la conversación.
A pocos días de nuevas definiciones, el escenario sigue siendo frágil. Las sorpresas están al alcance de un error, de una frase mal dicha o de una propuesta bien defendida. Jose Aguilar Berrocal aún no es un resultado, es un proceso. Y ahí radica su mayor fuerza: todavía puede crecer.
Porque en política, a veces, la mayor victoria no es ganar una elección… sino lograr que la gente quiera escucharte.