La inteligencia artificial es sin duda, el tema del momento.
Algo que llegó para quedarse y tiene incidencia en todos los ámbitos de nuestra vida.
Las aplicaciones que usamos, los contenidos que miramos, los escritos que leemos, las películas que vemos, la música que oímos y hasta el vehículo que nos transporta, son elementos que, en alguna medida, tienen incorporado el componente de la Inteligencia Artificial (en adelante IA).
De más está mencionar los múltiples beneficios que puede traer a nuestra vida la IA, desde luego, sabiendo aprovecharla correctamente y en favor de nuestro quehacer humano.
Nuestros trabajos podrán verse muy beneficiados y a largo plazo enriquecer nuestra labor, haciéndola de más valor, más nunca sustituyéndola.
Muchos verán con miedo el avance de estas tecnologías, asumiendo que llegará el momento en que las mismas sustituirán nuestras labores. Y en efecto, es posible que algunas actividades (no tantas como algunos dicen) lleguen a verse opacadas por el avance de las tecnologías modernas.Pero el grueso de las actividades humanas esenciales no será fácilmente sustituible.
No se ven en un futuro muy cercano que haya forma de sustituir la exquisita cuchara del chef o cocinero de nuestro restaurante favorito, mucho menos será tan fácil sustituir la mágica forma de preparación de arreglos florales y detalles de una tienda de regalos floristería.
Quizá algunas emisoras de radio y sitios web continúen por algún tiempo más utilizando esas robóticas e insulsas voces prefabricadas, hasta que puedan darse cuenta que nada se compara con una voz humana que transmita emociones. No imagino un narrador de futbol de IA narrando un gol como lo haría Fernando Palomo.
Con certeza puede decirse esto, pues la inteligencia humana es superior a la artificial. Pero ambas tienen algo en común y es que necesitan ser alimentadas para poder mantenerse y desarrollarse.
Y es ahí donde surge el problema. No está mal que alimentemos la IA. lo malo, lo realmente malo es que a nuestra inteligencia natural no solamente no la estemos alimentando, sino que la estemos matando y a una muy alta velocidad.
Hemos dejado de lado cosas que tradicionalmente han sido ejercitantes de nuestra inteligencia natural simples actividades como una operación matemática con lápiz y papel una labor manual cómo armar un rompecabezas o prepararnos el alimento que vamos a consumir son algunas de las muchas cosas que hemos dejado de hacer.
El simple hecho de que nos dé pereza leer unas pocas líneas de un texto impreso, es un claro indicador de que nuestro cerebro se está volviendo perezoso y en la medida en que dejemos de alimentar y ejercitar nuestra inteligencia natural, entonces sí perderemos la batalla.
Vale la pena que intentemos estimular nuestra inteligencia natural con pequeños esfuerzos conscientes bien orientados.
Podemos nuevamente poner de moda el ser habilidosos en cualquier área, en aprender a tocar un instrumento musical por ejemplo, aprender a cocinar una nueva receta, leer un libro acerca de algún tema que nunca hemos leído, ver una película que no esté de moda y que ni siquiera se consiga en ninguna plataforma de streaming.
Qué tal si intentamos practicar algún deporte que nunca hemos practicado o si intentamos llegar a algún lugar con la sola ayuda de nuestro sentido de orientación
Quizá de esta manera podamos ir reconstruyendo nuestra inteligencia natural, hasta llegar nuevamente a ponerla de moda a darle el lugar que se merece y a enamorarnos de ella.
Un primer paso podría ser soltar por unos minutos este aparato que tenemos enfrente nuestro, a poco centímetros de distancia y volver nuestra mirada hacia otras cosas, hacia el mundo real.