Hacia el 2026: las bases no están llenas

» Por Robert F. Beers - Abogado Constitucionalista, Máster en Estudios Políticos Aplicados y Máster en Ciencias Políticas.

Siempre hemos afirmado que las metáforas deportivas son muy útiles para escribir procesos electorales, a los que suele compararse con campeonatos de fútbol o (quizás más acertadamente) con carreras de caballos. Para el suscrito, sin embargo, ya es tradición describirla como un juego de béisbol, algo que suele ser apropiado ante tan alto número de bateadores.

Este partido, no obstante, es muy diferente de otros que hemos analizado. Usualmente el foco está en los jugadores de ataque, pero esta vez el tema principal son dos personajes distintos: pitcher y cátcher, lanzador y receptor. Cuando este par funciona bien, dominan por completo el juego y dejan sin oportunidad a la ofensiva contraria.

Esto parece ser lo que ocurre actualmente. Llamada al montículo tenemos a Laura Fernández (PPSO), lanzadora derecha con una potente recta y hábil con la curva. Tiene el juego controlado, porque en realidad tiene al frente una alineación malísima. Pero quien realmente lleva la dirección del juego es el receptor, que guía a la lanzadora en cada disparo, y recibe constantemente los pelotazos. En este caso, el cátcher no es otro que el mismísimo presidente Rodrigo Chaves, quien incesantemente le ha puesto el pecho a la pelota, y por ello se ha llevado una increíble dosis de golpes, de los que simplemente se libra sacudiéndose el polvo del uniforme e increpando a sus rivales hasta desesperarlos. No en vano casi todos se han ponchado vergonzosamente y han salido del juego furiosos con el cátcher, demandando a gritos que lo saquen… y sin poder tocar a la lanzadora. Tal ha sido el dominio, que ni la visible hostilidad del umpire ha hecho mella en esta batería.

Ante tan patéticos fracasos, la desventaja de los bateadores es enorme, y la mayor parte de la afición se burla y les rechifla. Ninguno ha conectado sólido, y sólo uno (Álvaro Ramos, PLN) alcanzó base por error, aunque lleva rato estancado en primera y no tiene aire para correr. Entró al partido convencido de sus propios talentos, y pensando que conocer teóricamente el juego lo haría el mejor jugador posible, pero lo primero que hizo fue ponerse el uniforme al revés. A continuación, ha venido cometiendo una torpeza tras otra; no atiende señales, corre para donde se le ocurre, y los poquísimos aficionados que aún lo apoyan se ven desesperados y con ganas de irse del estadio, porque con sus raquíticos números está más cerca de quedar out que de pasar a segunda.

El resto de la alineación no ha aportado más que anécdotas. Fabricio Alvarado (NR) vio caer estrepitosamente sus números luego de recibir un tardío pelotazo que nadie sabe realmente de dónde vino, y que lo dejó bastante maltrecho. El zurdísimo Ariel Robles (FA) llegó de las ligas menores pensando que su estilo teatral le serviría en las mayores, pero resultó ponchado al descubrir que no es lo mismo ser fan de Maduro que tener madurez. Eli Feinzaig (PLP) no termina aún de decidir si es derecho o zurdo, y ya lo abandonó casi todo su staff. Juan Carlos Hidalgo (PUSC), otro ambidextro, se metió al campo exigiendo que de una vez lo pusieran en tercera base, pero su propio equipo lo dejó out por regla. El derecho José Aguilar (Avanza) luce como un buen corredor de bases, pero no logra consolidar un lugar en la alineación.

Y está también el curioso caso de cierta jugadora (de cuyos Dobles discursos hay que acordarse) que se metió al campo disfrazada, con un nombre falso, estadísticas también falsas, y fingiéndose ambidextra cuando se sabe que es realmente zurda. Llegó exigiendo turno prioritario al bate pese a carecer de méritos propios, y contratando actores y publicidad para que le hicieran bulla, convencida de que todos los aficionados son brutos y que nadie se iba a dar cuenta de que no es más que la esposa de un infame y tramposo exjugador al que echaron del equipo por malo. Por supuesto, la irritada afición (que sí se acuerda) la rechifla y la increpa donde quiera que vaya, aunque el permisivo umpire y sus amiguis del CIEP parecen andar buscando la forma de meterla “a la brava” pese a lo burdo de sus engaños. Pero esta y todos los anteriores tienen en común la creencia de que peleándose con el cátcher van a remontar el partido… hasta que de pronto una recta fulminante los deja con el bate al hombro y fuera de acción.

En el plato: Natalia Díaz (UP). Una trotamundos de este deporte, que se ha puesto innumerables camisetas a través del tiempo, inició este juego con números interesantes, pero malgastó varios turnos y sus estadísticas declinaron. Ahora está intentando acomodarse de nuevo en la caja de bateo, pero llegó con la misma doctrina de los demás: hacer swings a la desesperada, tirándole a todo (inclusive a los demás bateadores). Como resultado, ya la tienen en dos strikes sin bolas. Parece irritarla mucho la indiferencia del cátcher, y sobre todo la enigmática sonrisa de la lanzadora, en cuyo lugar es obvio que desearía estar.

En el círculo de espera: Fernando Zamora (PNG). De todos los jugadores de la alineación, parece el único en haber entendido que meterse con el cátcher no lo llevará a nada, y se empeña en mantenerse dentro de su plan de juego en lugar de involucrarse en trifulcas campales. A duras penas procura apartarse del resto de la banca (atestada de un montón de bateadores de relevo que gritan mucho, pero a los que nadie realmente presta atención), y al menos demuestra un poco más de visión de juego (al punto de que a la jugadora “colada” la han pillado algunas veces robándole los apuntes). Su swing del lado derecho no tiene la potencia del que antaño se le veía a Fabricio Alvarado, pero claramente es un jugador que busca “colocar” la pelota en vez de sacarla. Es un bateador emergente, y se distingue de los otros por su habilidad ante las bolas curvas, pero parece faltarle voz para hacerse oír entre los desgajados alaridos de los demás jugadores y las provocadoras invectivas del cátcher. La pregunta es si se consumará el tercer out antes de que llegue a tener siquiera un turno al bate, algo que parece probable ante la aparente contundencia de la dupla oficialista.

En suma, la alineación ofensiva de este encuentro ha mostrado ser inusualmente floja, plagada de novatos torpes, bateadores muy predecibles y uno que otro personaje mañoso pero sin talento real. Ninguno de ellos ha podido presentar siquiera una idea propia de juego para responder bien al pitcheo oficialista, y no parece que puedan hacerlo en el par de entradas que faltan, o que sean capaces de producir el mayúsculo trastorno que cercene la ventaja del cuadro local. Si la marcha actual se mantiene, el partido tiene más posibilidades de acabar en una blanqueada que de irse a extras. Pero la magia de este deporte es que basta con un instante para alterar decisivamente todo el panorama.

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