Conferencia Internacional "Cultura de Paz" Buenos Aires, Argentina

Hablemos de paz

» Por Patricia Villegas Álvarez - Diputada, Asamblea Legislativa

Desde que supe que vendría a esta conferencia a la Argentina, la primera gira que realizo como diputada de Costa Rica al exterior, les confieso que me impuse como propósito encontrar una especial serenidad espiritual para conversar sobre paz.

Compartir con ustedes, la realidad de un pueblo que es constante en la construcción de la paz es un reto inmenso.

Vengo de un país, cuya extensión es similar a la provincia de Jujuy, su población es semejante a las provincias de Córdoba o Santa Fe. Somos 55 veces más pequeños en territorio que la nación argentina.

La pequeñez en territorio y la poca densidad de población ha sido una constante desde el inicio del tiempo. Una realidad para los pobladores y para su ambiente.

Los pueblos originarios de la zona centroamericana se concentraron en el norte. Aún, Guatemala, Honduras y El Salvador agrupan la población indígena de la región. Unen sus raíces con México y sus enormes culturas azteca y maya.

Costa Rica por razones de distancia no tuvo grandes poblaciones originarias. Esa situación se repite con los colonizadores españoles. La Capitanía de Guatemala se establece política, económica y socialmente con estratificación feudal. La población se reúne con grados de tamaño e importancia hasta León en Nicaragua. Una vez más, la distancia es una variable para determinar la realidad costarricense.

El igualitarismo tiene un profundo significado en el desarrollo de la sociedad costarricense. Esta realidad va de la mano con la naturaleza política de la nación. Esta es una tesis ampliamente desarrollada por el Ex Presidente de la República, abogado e historiador, Cleto González Víquez (1905-1909 y 1928-1932).

La ausencia de estructuras feudales obliga a nuestra élite a administrar el territorio. Esto fue así durante dos siglos y medio.

Samuel Stone, historiador, relata que los colonizadores de Costa Rica fueron básicamente de ascendencia sefardita. Llegaron de España. Procedentes de los barrios judíos de Sevilla, Córdoba y Granada. O sea, los colonizadores de Costa Rica sobre todo provienen de Andalucía.

Recordemos que la situación de los sefarditas entró en deterioro por las pasiones del antisemitismo que afloraron en Europa. España no estuvo ausente de esta situación. Los judíos despertaban envidias por sus riquezas y poder. Esto provocó que a medida que se acercaba la caída de Granada, hubo conversiones masivas al cristianismo. Los conversos lograban ocupar puestos importantes, inclusive en la Iglesia Católica, donde se observaban obispos y arzobispos de origen sefardita. Los Reyes Católicos observaron de mala gana el Edicto de Expulsión de los judíos de 1492 y su consecuente emigración masiva. Los más ricos se fueron para Holanda y luego participaron en la colonización holandesa del nuevo mundo, especialmente en Nueva York, Brasil y la región del Caribe.

Los sefarditas con títulos nobiliarios, comprados por sus antepasados, llegaron a este territorio aislado y pobre pero alejado de la implacable Inquisición.

Cuentan nuestros historiadores que el Obispo de Nicaragua excomulgó a los habitantes de la provincia de Costa Rica por ser mal ejemplo de vida cristiana pues se alejaban de los pueblos donde había Iglesia. En realidad, eran conversos que deseaban practicar su religión a escondidas.

Los caminos en pésimo estado por las lluvias y la larga distancia impedían que el gobierno colonial ejerciera una influencia sobre Costa Rica. Sin duda, una determinante para la construcción de las modestas clases sociales fue el sentimiento de igualdad y, así el posterior desarrollo de una importante clase media.

Como maestra y, ahora como diputada de la República, creo en promover la cultura de paz por medio de la educación. En permanente revisión de los planes de estudio que fomenten valores, actitudes y comportamientos que propicien la cultura de paz. Procurar espacios entre los estudiantes para la solución pacífica de los conflictos. Incentivar el diálogo, la búsqueda de consensos y la democracia en la definición de las mayorías. Enseñar que la “no violencia” es un estado del ser humano que promueve la paz.

La cultura de paz consiste en valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos, tratando de solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre personas, grupos y naciones.

Costa Rica es una República democrática, libre e independiente.

Para nosotros la paz es un derecho humano fundamental y el Estado la promueve, defiende y garantiza la paz por todos los medios posibles.

De 1848 hasta la fecha, 47 hombres y una mujer han ocupado la Presidencia de la República. Solamente tres fueron militares y uno, en 1871 elimina la pena de muerte. Nuestros presidentes han sido educadores, abogados, médicos, filósofos, politólogos y comerciantes.

En 1948 el país vive su última guerra civil y al final de 18 meses de gobierno de facto, el general victorioso, José Figueres Ferrer, anuncia la abolición del ejército como institución permanente y en 1949 se eleva a rango de la Constitución Política.

En 1983 frente a los conflictos de guerras civiles en los países de Centro América, el presidente Luis Alberto Monge, realiza la Proclama de Neutralidad: perpetua, activa y no armada frente a los conflictos bélicos de terceros estados.

Con fundamento en esta proclama, nuestro país prohíbe la instalación en territorio nacional, de cualquier industria para la fabricación de armas de guerra.

En 1987 se reestablece la paz en Centro América, mediante un proceso liderado por el Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, y para ello, suscriben un acuerdo, los presidentes de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y Costa Rica en la ciudad de Esquipulas, Guatemala.

Ese mismo año, Oscar Arias recibe el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento al papel de gestor del Acuerdo de Esquipulas.

Desde 1948, Costa Rica optó por un modelo de Estado de bienestar o también denominado en nuestro medio como Estado social de derecho.

Las políticas del Estado de bienestar costarricense promueven el desarrollo económico y social sostenible mediante la reducción de las desigualdades y la erradicación de la pobreza extrema. Aún subsiste un 5,7% de compatriotas en esa condición.

El deterioro en las condiciones de la deuda es el principal problema del país. La rigidez de los presupuestos estatales dificulta la eliminación de la pobreza y la pobreza extrema. Entre ambas, alcanzamos el 20% de la población. De éstas, las mujeres jefas de familia alcanzan el 44% y 46% respectivamente. Las actuales circunstancias del país hacen que las cifras sean cambiantes. Me refiero al ingreso de los migrantes nicaragüenses y venezolanos. Hasta hace pocos meses a estos hermanos debíamos sumar los colombianos. El flujo migratorio actual no permite un control estricto. Pero puedo decir que en nuestro país no existen muertes por desnutrición de los habitantes.

El proceso de igualdad y equidad de género ha venido evolucionando con leyes de equiparación de oportunidades que conducen a asegurar la autonomía de la mujer. La Asamblea Legislativa está integrada por 57 miembros y de éstos, 26 somos mujeres, o sea, el 45% corresponde a diputadas.

Promover y mejorar la legislación de grupos con necesidades especiales y la sostenibilidad ambiental hacen que consolidemos la paz.

Legislamos en la actualidad para el respeto de todos los derechos humanos. Como ejemplo cito que estamos, a la puerta, de sancionar en segundo debate y definitivo, la aprobación de la reforma integral a la Ley General de VIH.

Estamos claros que los derechos humanos y la cultura de paz son complementarios. Sin derechos humanos en todas sus dimensiones, no puede haber cultura de paz.

Para hablar de una cultura de paz, requiere un permanente legislar en favor de los derechos humanos para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres. Lograr la plena participación de las mujeres en la toma de decisiones económicas, sociales y políticas, la eliminación de todas las formas de discriminación y de violencia contra la mujer, el apoyo y la asistencia a las mujeres más vulnerables, protegerlas del uso de las bandas de crimen organizado, del tráfico ilícito de drogas y el blanqueo de dinero.

Más que legislar se requiere que la cultura de paz alcance la comprensión, la tolerancia y la solidaridad de los dirigentes para acabar con los desafíos de la criminalidad de las poblaciones vulnerables de nuestras sociedades. No tengo duda que la presencia de las mujeres liderando políticas para lograr justicia social, hará que el desafío sea alcanzable más rápida y oportunamente.

Hacer frente al uso y abuso de la imagen comercial de la mujer reducirá el problema de la violencia en los medios de comunicación, comprendidos también en los que se valen de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Para promover la paz y la seguridad internacional, Costa Rica impulsó el Tratado de Comercio sobre las Armas y logró la aprobación en Naciones Unidas el 24 de diciembre del 2014, con 155 países favor y 119 de ellos, han declarado que promoverán sus contenidos en la legislación nacional.

Debemos redoblar esfuerzos para construir juntas y juntos, en todos los planos, una Cultura de Paz. De los mayores desafíos será mejorar el diálogo, la comprensión y la colaboración entre culturas y civilizaciones.

Destaco, en nuestro caso particular, la importancia de fomentar la investigación y el trabajo en el tema de los derechos, el correcto uso del presupuesto para la educación y asesorar a la juventud sobre la educación en valores y derechos humanos, así como impulsar el cooperativismo, erradicar la pobreza, combatir la desnutrición y mejorar la distribución de la riqueza para superar las desigualdades.

En nuestro Estado social de derecho, el catálogo universal de los Derechos Humanos es precisamente el que traza el rumbo de principio y valores permanentes, que permiten consolidar la paz, la justicia, la convivencia en libertad, el progreso económico y el bienestar social.

Cierro esta participación ratificando mi compromiso de trabajar cada día en la construcción de la cultura de paz, a legislar, a promover las políticas de paz, no sólo, como la ausencia de guerra, sino como la ausencia de todo tipo de violencia en nuestras sociedades.

Gracias por la oportunidad de compartir y vivir esta experiencia de construcción de la paz.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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