Ha partido un connotado demócrata.

Los acontecimientos históricos y políticos alrededor de la figura del expresidente Luis Alberto Monge Álvarez serán analizados, muy probablemente y con mayor profundidad, por todos sus compañeros de causa, como él solía llamar a los miembros del Partido Liberación Nacional.

Dedicaré a evocar el gran acervo democrático que siempre rodeó la figura del señor expresidente Monge Álvarez, quien siempre supo perder con hidalguía y ser magnánimo en el triunfo.

Siendo Presidente, de 1982 a 1986, y sabiendo que un régimen de partido único, no era sano ni conveniente para la democracia, supo establecer un acuerdo con el líder opositor de aquella época, Rafael Ángel Calderón Fournier, para, en conjunto, darle nacimiento a una fuerza política consistente que fuera capaz de adversar a su mismo partido Liberación Nacional.

Nunca, al contrario de otros líderes políticos latinoamericanos, comulgó con la permanencia de un mismo partido político en el poder. Siempre creyó en la conveniente alternancia y contrapesos, que es condición imperante para un saludable desarrollo democrático de los países.

En un acuerdo político histórico, logró darle sustento jurídico a lo que, en elecciones anteriores, fue la Coalición Unidad, compuesta, para entonces, por los partidos: Demócrata Cristiano, Unión Popular, Republicano y Unión Nacional.

Ese bipartidismo, que fue imperante en los primeros años, se interrumpió, 20 años después, con la incursión, en el parlamento, del Partido Movimiento Libertario y del Partido Acción Ciudadana, pues los ciudadanos, decidieron incluir una mayor representatividad en la conformación de la Asamblea Legislativa.

Ese acto visionario, para muchos ciudadanos desconocido, retrata la enorme vocación demócrata y la gran calidad de estadista del expresidente Monge Álvarez.

Por otro lado, el manejo prudente de la política exterior en esos años críticos de la insurrección en la hermana República de Nicaragua, y su Declaración de Neutralidad perpetua y no armada de Costa Rica, logró crear un clima de paz interna que, en conjunto, con el ordenamiento financiero y fiscal, sentó las bases de la recuperación económica y social, para los 12 años posteriores al inicio de su administración.

Don Luis Alberto será sin duda siempre un gran ejemplo de un líder visionario y un político honesto.

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