Esta campaña electoral deja un sabor agridulce. No por la diversidad de candidaturas, sino por la forma en que algunos liderazgos han decidido enfrentar —o más bien evitar— el ejercicio democrático más básico: el debate público.
Gobernar no es evitar el debate. Gobernar es dar la cara, confrontar ideas, escuchar críticas y demostrar preparación. Cuando una candidata con herencia de poder decide ausentarse de los espacios donde se contrastan propuestas, envía un mensaje claro: la comodidad pesa más que la rendición de cuentas.
Mientras otros aspirantes se preparan para demostrarle al país su capacidad, ella prefiere escenarios seguros: documentales, giras con simpatizantes, actos donde el aplauso sustituye a la pregunta incómoda. Es, en términos simples, pescar en barril.
Y Costa Rica no está para juegos.
La reciente encuesta del CIEP de la Universidad de Costa Rica marca la cancha con claridad: Laura Fernández alcanza un 40 % de intención de voto, cifra que podría darle la presidencia en primera ronda. Pero el dato más relevante no es ese, sino el 32 % de personas indecisas. Ese porcentaje no es una estadística: es una oportunidad democrática.
Ese grupo puede definir si el país elige desde la reflexión o desde la inercia.
No se trata de atacar personas. Se trata de exigir liderazgo. Se trata de entender que la democracia no se fortalece con ausencias, sino con presencia. Que la política no se legitima con imágenes, sino con argumentos.
Hoy Costa Rica enfrenta retos serios: seguridad, educación, empleo, institucionalidad, confianza en el Estado. Retos que no se resuelven desde la butaca de un cine ni desde una tarima rodeada solo de simpatizantes. Se resuelven con propuestas claras, capacidad demostrada y voluntad de debate.
Por eso, este es un llamado a votar. Pero no a votar por impulso, ni por costumbre, ni por herencia política. Es un llamado a votar con conciencia.
A las y los indecisos: su voto vale más de lo que creen. Ustedes pueden cambiar el rumbo. Ustedes pueden exigir más. Vean los debates. Comparen. Analicen. Pregúntense quién está dispuesto a gobernar y quién solo a ganar.
No dejemos que unos pocos decidan por todos. No entreguemos el futuro por apatía. No permitamos que dentro de cuatro años tengamos que lamentarnos diciendo que otros eligieron por nosotros.
Gobernar no es evitar el debate.
Gobernar es asumir la responsabilidad de enfrentarlo.
Costa Rica merece liderazgo, no comodidad.