Ya vimos en la nota anterior dos de las preocupaciones más serias de los jóvenes de la generación Z, En esta nota trataremos de predecir la influencia de ellos en las elecciones del 2026. Pero antes veamos un estimado de la población votante. En 2024, el padrón electoral costarricense era de unos 3 570 807 electores para las elecciones municipales. Los millennials y generación Z representarán casi el 60 % del padrón para las elecciones presidenciales de 2026, pero si se considera ese porcentaje (≈ 60 %) sobre el total del padrón (aunque esto mezcla dos generaciones), eso sugeriría que la Generación Z sola podría ser un porcentaje menor de ese 60 %.
ÚLTIMO DATO (MUNICIPALES 2024 (4-FEB-2024)
Los electores de 18 a 26 años (tramo de Gen Z que ya tenía 18+) sumaban 626 866 personas, que es ≈17,6 % del padrón total (3 570 807). Cifras por edad: 18 años (46 511votantes), 19 (68 565), 20 (69 371), 21 (68 081), 22 (72 913), 23 (75 987), 24 (76 395), 25 (73 780), 26 (75 263). El dato no refleja el abstencionismo. ESTIMACIÓN PARA 2026 (PRESIDENCIALES)
GENERACIÓN Z PUEDE MARCAR LA DIFERENCIA EN LAS ELECCIONES DEL 2026
Tampoco contempla el abstencionismo. Para febrero de 2026, la Gen Z en edad de votar será 1997–2007 (18–29 años). Si tomamos como base el dato de 2024 (626 866) y añadimos el nuevo corte que cumple 18 años en 2025-inicios de 2026 (nacidos 2007), cuyo tamaño típico es del orden de ~60 mil por año según el propio TSE cuando reporta “nuevos electores” (dos cortes 2004–2006 sumaron 123 372, ~61 700 por año), la Gen Z votante en 2026 rondaría ~670–700 mil personas. Con un padrón cercano a 3,7 millones en 2025, eso sería ~18–19 % del padrón.
Esta generación, caracterizada por su alto nivel de conectividad digital, sensibilidad ambiental y desconfianza hacia las estructuras políticas tradicionales, se perfila como un factor decisivo en el rumbo del país. Ante ello, los partidos políticos deberán enfocar sus estrategias comunicacionales y programáticas en temas que realmente conecten con sus preocupaciones y valores.
El partido que representa el continuismo del actual gobierno podría ser el más vulnerable frente al voto joven, debido a que su gestión ha estado marcada por controversias en materia ambiental —como los casos de Gandoca-Manzanillo, el corredor biológico de Quepos y el desarrollo turístico en Playa Panamá—, sumado al descontento por el desempleo juvenil y el debilitamiento de la microeconomía. Según el INEC en a estas alturas del 2025 la tasa de desocupación alcanza un nivel bajo del 6 % pero los expertos dicen que el indicador bajó debido a una importante salida de personas de la fuerza y no por la generación de nuevos empleos. Un total de 105000 personas dejaron de trabajar o de buscar trabajo en el último año; siendo en su mayoría mujeres. El indicador se calcula dividiendo la población desempleada entre la suma de la población que tiene empleo y los desempleados. Si se toman en cuenta los que antes estaban con empleo y ahora no lo están el indicador baja, aunque todavía no hayan encontrado empleo. El impacto económico se verá dice CEFSA que esta tendencia tendrá un efecto en el consumo (personas de los quintiles más altos), la inversión, el ahorro de los hogares y las pensiones sufrirán.
Si estas tendencias se mantienen, el voto de la Generación Z podría ser determinante para definir el rumbo político del país, inclinando la balanza hacia opciones que prometan más transparencia, sostenibilidad y oportunidades reales de desarrollo económico y social. Esta población además de un buen número de profesionales con trabajos estable se enfoca en la necesidad de soluciones realistas frente al populismo en el discurso electoral. El periodo electoral, inevitablemente, saca a relucir la retórica más apasionada. Día tras día, escuchamos a candidatos y candidatas exponer con detalle los males que aquejan a Costa Rica: el alto costo de la vida, la crisis de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el desempleo juvenil, abandono del agro y la inseguridad. Y tienen razón. El problema está ahí, es real y duele. Sin embargo, el mero hecho de describir la dolencia nacional no constituye una propuesta de valor. Corremos el riesgo de caer en un ejercicio de populismo discursivo, donde la exposición del problema se convierte en el fin, generando indignación en el electorado, pero sin ofrecer un camino viable para la cura.
BASTA DE POPULISMO, COSTA RICA EXIGE SOLUCIONES REALISTAS
En este momento crucial, la ciudadanía y, en particular, las generaciones jóvenes como la Gen Z, no solo esperan que se exponga el problema; exigen que se planten las soluciones de manera realista y financieramente sostenibles.
La responsabilidad de quienes aspiran a liderar el país va más allá de un diagnóstico electoral. Necesitamos un cambio de enfoque:
- De la Exposición al Plan de Acción: El candidato no debe limitarse a decir que el desempleo juvenil es un problema que el agro necesita reforzarse (lo sabemos), sino que debe presentar un plan concreto sobre cómo se articularán las instituciones educativas, el sector privado, el agro y la inversión extranjera para crear nuevos puestos de trabajo de calidad.
- No basta decir que hay corrupción e inseguridad, eso todos lo saben. Necesitan saber cómo la van a combatir y con qué presupuesto.
- De la Promesa al Financiamiento: Si la solución propuesta es, por ejemplo, duplicar la inversión en salud mental (una necesidad urgente), los líderes deben detallar de dónde provendrán esos fondos: ¿será mediante una reasignación presupuestaria? ¿A través de un nuevo impuesto? ¿Pagará la deuda con la CCSS? La evasión de esta pregunta es la señal más clara del populismo.
- Del Ideal a la Viabilidad Política: Una solución realista también es aquella que tiene posibilidades de ser implementada. Los candidatos deben demostrar conocimiento de las restricciones fiscales y, crucialmente, la capacidad de construir consensos políticos para que sus propuestas no se queden en bonitos discursos de campaña. No cometan el error de votar por soluciones populistas
Costa Rica no necesita más narrativas que inflamen el descontento, sino arquitectos que diseñen puentes hacia el futuro. Nuestro voto debe ir dirigido a aquellos que no temen debatir la letra pequeña, el costo real y el esfuerzo que implica cada solución.
Es hora de exigir a los aspirantes a puestos de elección popular que dejen de lado el micrófono populista y tomen el lápiz para dibujar el camino. La transparencia en la solución es la verdadera prueba de un liderazgo responsable.