El futuro de la libertad

Natalia Diaz Quintana es la única mujer que ha anunciado intenciones de aspirar a la Presidencia de Costa Rica en el 2018. Foto: Luis Madrigal.

La vida nos enseña a poner las cosas en perspectiva; y la experiencia política, al menos cuando ha sido buena (bienintencionada y transparente), permite analizarlo todo con focos largos y sin aprehensiones personalistas con las que nunca he comulgado ni comulgaré, por imperativo ético, y quizás también, por convicción generacional.

Ahí me encuentro hoy, después de una precampaña que nos tomó más de un año y que desplegamos con toda la ilusión de renovar un partido desgastado y hasta cierto punto incluso, avejentado. Pero, además, con la convicción clara de que más allá del cambio generacional irrefrenable que se viene gestando en prácticamente toda la política costarricense –cambio del cual, sí darán cuenta otros partidos políticos en la venidera campaña electoral-, más allá de ese rejuvenecimiento o refrescamiento partidario, tenemos pendiente la moderación del liberalismo costarricense.

Lo primero, para abrir las puertas genuinamente e integrar a mucha gente buena que, no teniendo otra casa política, o aún teniéndola, podría ver en un renovado partido como el nuestro, una verdadera opción para acometer la lucha por el destrabamiento de la inversión privada a todo nivel, la gesta por la disminución de la burocracia excesiva, el esfuerzo por la racionalización del empleo público, la confrontación de las argollas a nivel estatal, la cruzada orquestada por la reactivación económica y la generación de empleos dignos, así como el trabajo por la erradicación del crimen organizado sin descuidar el combate del hampa común.

Lo nuestro no fue una salida en falso ni un atrevimiento irreflexivo. Lo que nos propusimos fue la fundación de un nuevo movimiento dentro de un partido que debe empezar a ser más abierto y completarse con diversidad de opiniones y formaciones. Lo nuestro, sobre todo, fue demostrar que el Movimiento Libertario ya no tiene dueño; y que si nació y sigue vivo, es por su gente, por las comunidades que participan porque comparten nuestros ideales y le dan sentido o valor presente, por los líderes rurales y barriales que saben dónde les chima el zapato y nos han enseñado a escuchar, más que a hablar.

Y lo segundo, habiendo hablado ya de la renovación necesaria, que hoy queda pospuesta por una decisión ajustada a nivel intrapartidario, sería confirmar nuestro ímpetu moderador. Porque lo nuestro no fue, ni será nunca, el extremo, la tozudez o el encono subjetivo. Muy por el contrario, nosotros hemos comprendido muy bien, que los extremos no son potables para los costarricenses, pues les disgusta el cambio abrupto y la inestabilidad que concitan los extremos.

Así que en síntesis, lo nuestro ha sido renovar, moderar e ilusionar. Y esa tarea está tan presente en este año 2017 como lo estará en el futuro próximo, cuando nos corresponda nuevamente, rescatar el verdadero sentido de ser liberal.

Estas palabras son para nuestra dirigencia, que no ha de sentirse, ni por asomo, superada, ni mucho menos derrotada; simplemente, tendremos en adelante más tiempo para reflexionar, replantear y trabajar.

Llegará nuestra hora. Llegará, tarde o temprano, el futuro de la libertad.

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